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Encerado y clarión

La suerte de tenerte

 

Saturnino Acosta Saturnino Acosta
21/03/2019

Hoy 21 de marzo, celebramos el día mundial del Síndrome de Down, así establecido en la Asamblea General de la ONU en diciembre de 2011 y celebrado por primera vez el 21 de marzo de 2012.

El año pasado tocó reivindicar el derecho a la individualidad y al ser diferente con una campaña por las redes sociales mostrando calcetines o medias de distinto color.

Este año Down España quiere hacer viral un video donde una niña pequeña destaca la suerte que tiene por tener un hermano como el suyo, concluyendo «mi hermano es perfecto como es. Ojalá todos los niños tuvieran mi suerte».

Además y para concienciar a la sociedad, se invita a los usuarios a subir selfies con una pegatina en forma de corazón y el hastag #La SuertedeTenerte.

No crean que soy muy amigo de días internacionales, principalmente porque se ha llevado al extremo el número de conmemoraciones, exceso que iguala, por abajo, distintas problemáticas, sensibilidades o efemérides, y no, no todas las reivindicaciones o luchas son iguales.

Por eso, sí comparto, a veces, la idea de ciertas conmemoraciones cuando con ello se trata de denunciar o mostrar a la sociedad que existe un problema sin resolver que no puede ni debe permitirse incidiendo en campañas de sensibilización para que los propios ciudadanos obliguen o presionen a sus representantes a actuar frente a la demanda, problema no resuelto, injusticia o carencia.

En el caso que nos ocupa, y al que me sumo, lleva tiempo por gracia o desgracia de moda. Por un lado, por la estupenda película que nos ha mostrado sólo una cara de estas personas Campeones, de Javier Fesser.

Por otro, la controversia respecto a unas declaraciones de Arcadi Espada, exageradas por algún medio, pero del todo desafortunadas o explicadas.

Incluso la terminología a aplicar es discutida, entre llamar personas con «diversidad funcional» o «personas con discapacidad».

En fin, en muchas ocasiones los que nos creemos más listos que otros, solemos resultar ser los más torpes, incluso cuando nuestra voluntad sea la contraria.

No existen hijos de un Dios menor, todos somos hijos del mismo, pues somos cada uno, y los otros, los únicos que podemos hacernos menores o mayores, pero somos «todos juntos», los únicos con la capacidad de hacernos iguales, y de eso se trata.