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Los villanos de moda

 

CARMEN Martínez-
27/02/2013

TLta palabra villano me gusta mucho. Aunque me desagrade su evolución semántica que la ha degradado de noble, digno y reposado habitante de aldea en contraposición al cortesano ajetreado y superficial. Mas el concepto que Lope ensalzó como estilo de vida en El villano en su rincón, ya no se relaciona con ese significante.

Ahora villano es malvado y punto. Cada época, ideología, grupo social, político, deportivo, de opinión, de lo que usted guste, tiene su villano. Messi es el villano favorito del Madrid, Cristiano el del Barça. Hasta en las comunidades de vecinos hay un villano. Y si no lo hubiera habría que inventarlo. Actualmente proliferan. Pero no más que en otros momentos. Hubo villanos demoledores, encantados de su papel, antes de convertirse en sensatos, cansados y discretos estadistas, como Alfonso Guerra .

Los hubo horteras y casposos como aquel Roldán , cuya imagen en calzoncillos quedará para la posteridad como esencia de lo espantoso. Europa tiene hoy su villano emblemático, en este caso, cruzado con payaso. Sí acierta usted, es Berlusconi .

Hoy España se acuesta y se levanta con dos villanos que aparecen hasta en la sopa. Ahí está el villano formidable, de rostro artero, rictus soberbio, pasado oscuro y escabroso. De chico era gordo y fue objeto de burla. Además se comía el chocolate de los amiguetes. Rencor y avaricia compusieron el cóctel perverso. Por eso el juez le retira el pasaporte, que me parece poco retirar. Ahí está el villano macilento, antaño príncipe cañón, que según su preceptor poseía unas manazas enormes, aunque más grande era su corazón.

Villano tontaina que se juntó con quien no debía y se creyó impune. Contar con grandes villanos es lo que tiene. Que hay gente a la que complace o consuela increparles, insultarles, alegrarse de sus males presentes. Da morbo ver caer al poderoso. Otros solo esperan un castigo ejemplar. Y que sea pronto. Pero más allá de Bárcenas y Urdangarin , España arrastra otros problemas graves y urgentes. Esta inflación informativa de lo villanesco no debe encubrirlos.