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contra de sexta

Ascapas

 

ROSA MARÍA GARZÓN ÍÑIGO Técnica en información turística
31/03/2019

Somos tan afortunados de poder disfrutar de todos y cada uno de nuestros sentidos a diario, que no lo valoramos lo que debiéramos.

Hace años tuve el enorme placer de participar en el curso de lengua de signos que la Asociación Cacereña de Padres y Amigos de los Sordos (ASCAPAS) viene impartiendo en sus dos niveles, iniciación y avanzado, en la universidad popular placentina y que me permitieron ocupar el lugar de personas que padecen sordera y sordoceguera. Una enriquecedora experiencia.

Entre las actividades de dicho curso realizamos una en la que, durante unos minutos, se anulaba nuestro sentido del oído primero, luego el de la vista y después ambos, con el fin de acercarnos a la realidad de estas personas obligadas a desarrollar sus vidas sin uno, otro o ambos. La momentánea pérdida del oído fue lo que más me impactó, quizá por mi mayor sensibilidad al convivir siempre con la sordera de mi madre, quien se refería a ella como «una cruz» y que condicionó toda su vida, aislándole y acusando un deterioro continuo a medida que perdía audición.

En el curso también aprendimos las diferencias vitales entre quienes adquieren esta deficiencia sensorial de forma congénita o previa a la adquisición del lenguaje y la adquirida en algún momento de su vida, tras haber percibido el mundo en que vivimos a través de sus ojos y oído sus sonidos, pues la adaptación de ambas a la situación difiere bastante y la aceptación y consecuencias son infinitamente más difíciles para la segunda.

Es tanto lo que se puede hacer por todas ellas para hacerles la vida más fácil… Desde leyes como la de Igualdad de Oportunidades, no Discriminación y Accesibilidad Universal, que ha permitido por ejemplo, la instalación de bucles magnéticos en numerosos lugares como las mesas electorales, hasta incluir la lengua de signos en el currículum educativo.

De momento, en Plasencia, el ayuntamiento ha puesto su granito de arena con la cesión de un local para ampliar la sede de la asociación en la ciudad y 10.000 euros para mejoras, además de contar con intérprete para signar los plenos.

Tal vez nuestra aportación personal sería aprender a signar esta lengua como aprendemos otros idiomas. Es un derecho de todos ser escuchados. Pongámoselo más fácil.

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