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El Domingo de Ramos estrena La Borriquita

Por primera vez sale el paso de Nuestro Padre Jesús de la Paz

 

Obispo y representantes del Cabildo, durante la bendición de Palmas, en la plaza de España. - NIEVES AGUT

Momento de la procesión de La Borriquita, ayer, a su paso por la plaza de San Pedro. - NIEVES AGUT

NIEVES AGUT
15/04/2019

Los caurienses abrieron ayer los actos de la Semana Santa con la procesión de Palmas a la que, como es habitual, asistió el obispo de la Diócesis de Coria-Cáceres, Francisco Cerro, y que este año como novedad se ha estrenado el paso de Nuestro Padre Jesús de la Paz en su entrada triunfal a Jerusalén a lomos de la borriquita. Un paso que ha sido adquirido por la Hermandad Nuestro Padre Jesús Resucitado y Nuestra Señora del Rosario. En concreto, se trata de una imagen compuesta por una borriquita de 1,1 metros de alto y la de Jesús a tamaño real. Esta procesión salió desde el Convento de la Madre de Dios pasadas las once de la mañana y recorrió la plaza de san Pedro, las calles Rey, Moros, Carnicería, Fortaleza, plaza de la Cava, Hornos, Cuatro Calles y plaza de España.

Precisamente, en este último escenario el obispo, Francisco Cerro, acompañado del Cabildo Catedralicio, miembros de la corporación municipal bajo mazas, cofradías penitenciales y fieles procedieron a la bendición de ramos. La procesión continuó, con cantos de la Coral Cauriense y repique de campanas por la Calle Obispo y con entrada en la catedral, donde el Obispo ofició y presidió la Solemne Misa Pontifical.

Ayer también, por la noche, fueron protagonistas las cofrades de María Santísima del Amor Hermoso, cofradía formada solo por mujeres y que procesiona con túnica granate con muceta blanca, luciendo Cruz de Santiago, guantes y cordón blanco, con zapatos negros.

Hoy Lunes Santo continuarán los actos con la Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo de los Afligidos a partir de las 23.00 horas desde la parroquia de Santiago Apóstol. Una procesión donde el único sonido es una esquila y el mortecino retumbar de un tambor, todo en un ambiente de sumo recogimiento en torno a una talla del siglo XVI.