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COVID-19

Un encierro sin secuelas

Médicos y psicólogos aseguran que el confinamiento no tendrá repercusiones físicas ni psicológicas en los niños sanos siempre y cuando sus padres lo gestionen bien

 

Un niño de cinco años mira por la ventana de su casa en Madrid, de la que no sale desde el pasado 11 de marzo. - OSKAR BELATEGUI

OLGA PEREDA / HELENA LÓPEZ
02/04/2020

Italia acaba de permitir que los niños salgan a la calle, cerca de sus casas, para dar un paseo corto acompañados de un progenitor. Hace unos días, el presidente de Aragón, Javier Lambán, pidió una medida similar a Pedro Sanchez. No tuvo éxito. Muchas voces autorizadas -como el profesor universitario César Rendueles y las autoras Silvia Nanclares y Esther Vivas- están haciendo hincapié en el adultocentrismo que rige al Gobierno, incapaz de nombrar una sola vez a los millones de niños y niñas que siguen encerrados en sus casas. Preguntado por la posibilidad de que los padres -al igual que los propietarios de las mascotas- puedan dar un corto paseo con sus hijos mientras dure el confinamiento, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, dijo la semana pasada que no. Aunque usó otras palabras: "Es importante cumplir con las medidas. Sabemos que es un esfuerzo y que alteran la cotidianidad, pero si no supiéramos que son necesarias no lo haríamos".

El mensaje político está claro. Con la excepción de los que tienen "alteraciones conductuales o diagnóstico de espectro autista", los niños españoles seguirán en casa las 24 horas del día. ¿Nos estamos jugando su salud física y mental? No, según la medicina y la psicología. Hablamos, que conste, de niños sanos. Niños sin carencias económicas ni afectivas. Niños de clase media, que viven en casas con ventanas por las que tomar el sol directo o, simplemente, la luz. Niños que reciben tiempo, atención y cariño por parte de sus progenitores. Si los adultos gestionan bien esta crisis sanitaria sin precedentes y no convierten su casa en una trinchera infinita de ansiedad y estrés, los menores saldrán de esta hazaña con pocos rasguños. O ninguno.

"Si hay un órgano que sirve para adaptarnos es el cerebro. Y si un cerebro sirve para adaptarse es el de un niño sano", afirma la médico, pediatra y neuropediatra María José Mas, toda una autoridad del neurodesarrollo y autora de 'La aventura de tu cerebro'. "A nivel físico no les va a pasar nada. No se van a atrofiar ni nada parecido. El único problema físico que pueden tener es el insomnio, provocado por la ansiedad o las pesadillas. Por eso hay que reducir la tensión en el hogar. Sin mentirles, por supuesto. Los niños son listos, se adaptan y entienden las circunstancias. Ahora mismo, lo normal es estar preocupado. Lo natural es que todo esto que estamos viviendo nos repercuta en la salud emocional. Pero si nosotros, los adultos, ahora lo gestionamos bien después nos irá mejor. Repercusiones habrá, pero serán más leves si procuramos llevar bien el confinamiento. Si los padres lo gestionan con relativa calma, los niños también".

Quedarse en casa

No poder salir de casa es muy duro. Pero la doctora Mas recuerda que los niños son el principal vector portador, la mayoría son asintomáticos y es muy fácil que contagien por accidente. "Hay mucho que criticar respecto a la gestión de esta crisis por parte de las autoridades políticas. Pero, aunque tarde, las decisiones que se han tomado son las correctas. Una epidemia solo termina cuando el virus no tiene nadie más a quien contagiar. Y para eso hay tres opciones: tener una vacuna o que toda la población esté contagiada o separar a los infectados de los que no lo están. Teniendo esto claro, te quedas en casa. Los niños, también. ¿No añadiría estrés a las familias sacar a los peques diez minutos a la calle sin soltarles la mano, sin dejarles tocar nada, sin que corran y con un agobio máximo diciéndoles muchas veces el cuidado que deben tener?", se pregunta la especialista.

El neuropsicólogo y divulgador Álvaro Bilbao, que también es padre y autor de 'El cerebro del niño explicado a los padres' (Plataforma Actual), también está convencido de que, a largo plazo, el encierro no tendrá secuelas psicológicas significativas en los menores de edad. Pero añade: "Lo que va definir su bienestar psicológico va a ser la actitud de los padres". En tiempos de coronavirus, la máxima autoridad no debería ser la política ni la educativa sino la sanitaria, resalta. "El otro día escuché a una virología decir que sería un riesgo muy grande dejar que los niños salgan a la calle. Me lo creo a pies juntillas", explica el experto, que sí aplaude la posibilidad legal de que los menores con Trastorno del Espectro Autista (TEA) puedan salir a pasear.

Otra preocupación de los padres es la falta de sol en los peques. Los médicos dejan claro que no hace falta suplementos de vitamina D. Bastan unos minutos al sol directo (cuidado si pega fuerte) -o la luz de la ventana- y dieta adecuada.

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