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CONTAMINACIÓN BIOLÓGICA

Osos de agua en la Luna

La misión israelí ‘Beresheet’ se estrelló contra el satélite con estos seres microscópicos a bordo el pasado mes de abril H Los tardígrados son muy resistentes, por lo que quizá han sobrevivido

 

Aproximación 8 La nave israelí ‘Beresheet’, el 11 de abril. - ISRAEL AEROSPACE INDUSTRIES

Aspecto amenazante 8 Micrografía electrónica de un oso de agua o tardígrado, un animal acuático casi inmortal. - STEVE GSCHMEISSNER

VALENTINA RAFFIO
15/08/2019

Cuando el pasado abril la sonda israelí Beresheet se estrelló sobre la superficie de la Luna, todo hacía suponer que la historia de la primera excursión privada al satélite terrestre había acabado con un estridente fracaso que ponía punto final a una misión hasta entonces exitosa. Pero ahora, cuatro meses después, uno de los responsables del proyecto ha desvelado un inesperado plot twist de esta fallida odisea espacial: el accidente podría haber liberado sobre el suelo lunar miles de osos de agua. Uno de los seres más resistentes del planeta abandonado en un lugar que no reúne las condiciones para la vida.

Por ahora no hay pruebas de que estos microscópicos animales acuáticos hayan sobrevivido. Pero, según ha declarado Nova Spivack a la revista Wired, tampoco hay dudas. Los tardígrados son prácticamente indestructibles. Años de experimentos han demostrado que estas extrañas criaturas son capaces de sobrevivir al acecho de las condiciones más extremas. Sin comida ni agua durante décadas. En el vacío del espacio. Expuestas a la radiación ultravioleta del cosmos. Bajo temperaturas límite. Incluso se especula que sobrevivirían a la muerte del Sol. ¿Por qué dudar de la supervivencia de estos extraordinarios seres en la Luna?

El debate sobre la vida o muerte de estos animales en un inhóspito cuerpo celeste divide ahora a los expertos. Los tardígrados viajaron a la Luna a bordo de la estrellada misión Beresheet que, como su nombre indica, despegó con destino al satélite terrestre con el objetivo de dar pie a «un nuevo principio». Los minúsculos ositos de agua se empaquetaron dentro de la conocida como Arch Lunar Library, «la primera biblioteca universal diseñada para preservar los registros de nuestra civilización en otro cuerpo celeste durante toda la eternidad». En esta se incluían unos 30 millones de páginas de información sobre el legado de la humanidad, muestras del código genético humano y, por si fuera poco, cientos de tardígrados deshidratados. O, mejor dicho, en estado de hibernación. «Sus procesos metabólicos se detienen, y el agua de sus células cambia por una proteína que en cierto modo las cristaliza», recuerda el divulgador científico Alex Riveiro en un artículo sobre estas criaturas.

Todo apunta a que es altamente improbable, por no decir imposible, que esta colonia de osos de agua despierte de manera espontánea y colonice la Luna. Eso sí. No sería tan descabellado pensar que si en un futuro algún explorador del espacio fuera al rescate de la cápsula sería posible resucitar estos animales. Tan solo haría falta volvernos a hidratar, cruzar los dedos y esperar que, como han demostrado los experimentos anteriores, estos bichejos vuelvan a la vida. Aún así, el éxito de la resurrección también está sujeto a muchos peros. Entre ellos, el estado de supervivencia de la nave y la cápsula en la que viajaban.

Especulaciones aparte, los expertos coinciden en que no hay ningún riesgo de que esta nueva contaminación biológica en la Luna suponga un riesgo para el ecosistema del satélite. De hecho, no es la primera vez que las misiones lunares dejan rastros de vida terrestre en otros rincones del universo. El geólogo planetario y astrobiólogo Jesús Martínez-Frías rememora que incluso la misión Apolo 11, que este año celebra su 50º aniversario, dejó rastros humanos en la Luna. Y, más recientemente, la misión china Change’4 también ha llevado semillas y larvas de insecto. «Este tema ha dado lugar a un encendido debate en la comunidad científica. Ya en los años 60, Carl Sagan publicó un artículo sobre la contaminación biológica de la Luna y hoy en día se siguen publicando estudios sobre la cuestión», explica el jefe del grupo de investigación del CSIC de Meteoritos y Geociencias Planetarias en el IGEO y Miembro de la Comisión de Astrobiología de la Unión Astronómica Internacional (IAU).

El riesgo de contaminación biológica o perturbación del ambiente planetario está regulado en el conocido Código de protección planetaria, un plan en el que se establece el nivel de protección y esterilización de cada misión espacial dependiendo del destino al que se dirija.

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