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UNA LACRA A COMBATIR

Las rusas se parten la cara

Una campaña denuncia el maltrato en un país donde es práctica generalizada

 

Algunas de las mujeres que participan en la campaña de Rusia. -

Algunas de las mujeres que participan en la campaña de Rusia. -

MARC MARGINEDAS
26/07/2019

«Ia ne hotela umerit» («Yo no quería morir»). Estas cuatro palabras en ruso recogen el eslogan de una exitosa campaña contra la violencia machista que está desarrollándose en Rusia, un país en el que, a decir de las estadísticas oficiales, una de cada cinco mujeres admite haber sufrido golpes y maltrato físico a manos de sus cónyuges o parejas. Miles de chicas, madres o esposas rusas están difundiendo durante los últimos días en las redes sociales fotografías de sus rostros cubiertos con hematomas, heridas y cardenales, caras partidas con el fin de denunciar la «terrible» situación al respecto, en palabras de una activista, y criticar la ausencia de una ley específica.

«Rusia necesita la ley (contra el maltrato en la familia). Por favor, si entiende esto, ayúdenos a conseguirlo; pronúnciese públicamente en favor de una ley», escribe en su cuenta de Instagram Aleksándra Mitroshina, una de las impulsoras de la campaña, junto a una foto en la que muestra varios cortes en el rostro. «Hace no mucho, murió una mujer corriente debido a la violencia en el hogar... La policía no hizo nada, liberaron al maltratador, la acechó en un tren y la mató ante los ojos de su hijo de 8 años», explica en su cuenta de Instagram una de las participantes, de apellido Bogdanova, con un ojo amoratado en la cara. «En Rusia se defiende a la violencia, no a los muertos», constata Aliona.

Apoyo multitudinario

Las participantes en la campaña cuelgan sus fotografías bajo el hashtag #ia ne hotela umerit. A la vez, se les conmina a firmar una petición en Change.org que ha recabado ya más de 560.000 apoyos, exigiendo que los órganos legislativos de Rusia asuman de una vez por todas y a más tardar en otoño el problema del maltrato familiar, regulando por ley situaciones graves que desde hace tiempo ya reconocen las legislaciones de la mayoría de países europeos, como una orden de alejamiento a un cónyuge violento.

«Es un problema tan grave que hay que darlo a conocer a todas horas, por cualquier medio; escribir de él, difundirlo por las redes sociales», explica a través del teléfono Natalia Radiévskaya, administradora de una comunidad de mujeres que sobrevivieron a la violencia machista. «No hay ninguna defensa legal; la policía no actúa; si un marido golpea a su esposa en su casa, es un asunto familiar; solo interviene si ello sucede en la calle», comenta.

Radiévskaya recuerda con especial inquietud el caso reciente de una chica de San Petersburgo, sin profesión, golpeada por su marido y con un hijo: «No tenía a donde ir; llamamos a un centro de acogida y nos dijeron que solo tendrían plaza dentro de unos meses; en todo ese tiempo, esa mujer puede morir».

Después de que hace poco más de dos años la Duma despenalizara algunos supuestos de violencia familiar, entre las críticas unánimes de las organizaciones de derechos del hombre, algunas parlamentarias, altas funcionarias e incluso dirigentes próximas al presidente Vladímir Putin han reculado y se han pronunciado a favor de que el legislativo ruso legisle acerca de la violencia machista. Tatyana Mosalkova, comisionada para los derechos humanos, ha apoyado la demanda, pese a que en su día apoyó rebajar el castigo a los abusadores.

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