La ley de memoria democrática, lo dice su nombre, no se ocupará de todas las víctimas del golpe de Estado de 1936 y de la dictadura que siguió a la guerra civil, sino de las víctimas demócratas, que, por ser demócratas, fueron las únicas víctimas. Dicho de otro modo: los familiares de los asesinados por golpistas o por ser vencedores de la guerra no son víctimas, pues sus asesinados (padres, hijos, abuelos) no eran demócratas. (Y se ruega evitar el retruécano de preguntar si no eran demócratas porque fueron asesinados o si fueron asesinados porque no eran demócratas, pues hace ya mucho de eso.)

Solo así cabe entender la denominación memoria democrática. Porque si el adjetivo democrática se refiere a la ley y no a la memoria, es decir, si la denominación de esta ley fuera Ley Democrática de la Memoria, no debería seleccionar a las víctimas, precisamente por ser una ley democrática, esto es, igualitaria, justa. Vaya un ejemplo que tal vez no aclare: si en democracia caben ideas de derechas e ideas de izquierdas (perdón por el binarismo), por lo mismo deben caber víctimas de derechas y víctimas de izquierdas, e incluso víctimas de las derechas y víctimas de las izquierdas. Equidad, se llama esa figura.

Pero la denominación final va a ser Ley de Memoria Democrática, que es como la ha presentado el ministro Félix Bolaños. Y, pese a que el 31 de octubre «será el día de todas las víctimas de la guerra civil, del golpe de Estado y de la dictadura», es obvio que el ministro no se refiere a todas las víctimas, sino a todas las víctimas del golpe de Estado y de la dictadura, o sea, las que, por ser víctimas del golpe y de la dictadura, eran necesariamente demócratas y, por ser demócratas, su memoria debe ser recuperada, salvaguardada, difundida y homenajeada.

Se trata de una ley que conseguirá, según el ministro Bolaños, que España «sea un país más humanitario porque no se olvida de los familiares de quienes perdieron la vida luchando contra una dictadura o por la defensa de la democracia». En efecto: España no será menos humanitaria porque se olvide de los familiares de quienes perdieron la vida luchando contra lo contrario. ¿Acaso se trata de la vida? Además, de esos otros familiares se encargará el primer partido de la oposición. 

Pablo Casado ha aprovechado la presentación de la ley para anunciar que ya tiene preparada una ley al respecto, para cuando llegue al Gobierno, destinada a suplir no solo esta ley que aún debe aprobar el Congreso (y el Senado, perdón) sino también la Ley de Memoria Histórica aprobada en 2007. Conseguirá así, cuando gobierne, que España sea también un país más humanitario por no olvidar a los familiares de quienes perdieron la vida luchando contra la democracia y por la defensa de la dictadura. Se ocupará de sus víctimas.

*Funcionario