Cuando en la conferencia anual sobre Bitcoin de 2021 en Miami, Nayib Bukele, el joven presidente de El Salvador, anunció que su país se convertiría en el primer país del mundo en dar curso legal a la famosa criptomoneda, provocó reacciones inmediatas. Y viscerales. Para los presentes en la conferencia fue motivo de júbilo: el país centroamericano se convertiría así en un pionero laboratorio mundial para las criptomonedas. Otros se mostraron menos entusiastas; entre ellos, los propios salvadoreños y los principales bancos centrales.

Para nosotros, como parte de la Unión Europea que ha adoptado una moneda común, la falta de una divisa propia ya no nos es extraña. Quizá hasta tenga un punto de comodidad, sabiendo que la decisión sobre la política monetaria (y la estabilidad de la moneda) no está en manos de nuestros políticos. Para otros países, en cambio, carecer de soberanía monetaria no es una opción.

En Latinoamérica existen varias economías «dolarizadas», sin moneda propia y referenciadas a la enseña norteamericana. Se debe a razones varias, pero todas cuentan con una raíz común: economías fiscalmente débiles y muy dependientes de las remesas exteriores. Gran parte de las mismas remitidas en dólares por nacionales residiendo fuera. Esa altísima dependencia sufre con la fluctuación del dólar y elimina margen para decisiones internas. Por ahí nace la intención de Bukele de evitar el vínculo «vicioso» con el dólar.

Este anuncio puso en aviso a inversores y bancos centrales. Parte de la toda la «mala publicidad» generada sobre Bitcoin proviene de dos realidades actuales de la criptomoneda. Primero, sigue sin solucionar los problemas de transparencia en las transacciones, lo cual permite su uso en actividades ilícitas. Y segundo que, en este momento, su viabilidad como moneda es discutible. A día de hoy, Bitcoin es más un activo financiero que una moneda, su objetivo primario. Un activo, además, sometido a alta volatilidad. Otro riesgo que ha sido reiteradamente advertido por parte de los bancos centrales como una amenaza para el sistema financiero.

Todo este análisis obviaba un punto capital: la clave de las criptomonedas reside en su fundamento tecnológico de la moneda digital y su garantía sobre las transacciones (blockchain) y en la alternativa que pueden suponer al monopolio monetario de los bancos centrales (en la mayor expansión coordinada de la historia reciente. El Bitcoin tapaba el bosque. Lo cierto es que no hay marcha atrás. Las criptomonedas han llegado para quedarse y formar parte de nuestro futuro.

De hecho, varios bancos centrales trabajan en el desarrollo e implementación de su propia divisa digital. Entre ellos, el BCE. Se podría decir que son los mismos que públicamente han advertido contra las criptomonedas los que ahora abrazan las posibilidades que brindan. Y, en cierto sentido, hay una coherencia interna en este comportamiento. Por un lado, siguen calificando muchos de las criptomonedas como activos sometidos a alta especulación (lo que no deje ser cierto). Por otro, no son ajenos a la muy clara tendencia en los reguladores de potenciar los pagos digitales en detrimento del efectivo (con el peligro que esto también conlleva), basándose en la lucha contra el fraude fiscal y la transparencia. Como ejemplo, en España el volumen de transacciones con tarjeta se incrementa sostenidamente un 10% anual y ya hay más de 86 millones de «plástico» en circulación. Los bancos centrales No pueden quedarse fuera de herramientas monetarias digitales.

No sólo las monedas, sino los criptoactivos en general son ya una alternativa sólida financiera. El Rubicón consistirá en la transformación de la aplicación práctica. Para ello estos activos deberán asumir mayores requisitos regulatorios.

Probablemente haya mucha resistencia entre inversores y operadores en criptoactivos, porque la naturaleza de muchos de ellos está en ser sistemas independientes y descentralizados (en caso de las monedas). Pero para ganar vigencia y convivir con la desconfianza que provocan en gobiernos y reguladores (el caso de China es paradigmático) la prueba de fuego estará en resistir y adaptarse al proceso regulatorio para ser un instrumento de base para la economía del sector privado. Luego, el mercado (es decir, nosotros) distinguiremos el grano de la paja.

*Abogado, experto en finanzas