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TRABAJA EN LA ONCE DESDE HACE UNA DÉCADA Y RECORRE LA CAPITAL CACEREÑA REPARTIENDO SUERTE

Nicolasa, la vendedora cacereña de fortuna

La cacereña repartió este lunes diez boletos premiados con 300 euros H Es «feliz», pero «ojalá hubiera repartido más dinero», relata a este diario

 

La protagonista 8 Nicolasa Fernández, vendedora de cupones frente al hospital San Pedro, ayer. - FRANCIS VILLEGAS

Gema Guerra Benito
13/06/2018

Este lunes el cupón de la ONCE repartió algo más de 180.000 euros en la provincia. El premio más generoso cayó en Malpartida de Plasencia -170.000-, pero la fortuna rozó Cáceres con una decena de boletos premiados con 300 euros cada uno. Fue Nicolasa Fernández la encargada de venderlos. La cacereña de 58 años lleva la suerte en las manos, aunque le resta importancia. «Ojalá repartiera más dinero», pone de manifiesto.

En los diez años que lleva vendiendo cupones, este ha sido el premio más cuantioso que ha repartido -3.000 euros en total-. «El más habitual son 50 euros», reconoce. Antes limpiaba casas, pero no le gustaba. Fue cuando decidió concertar una entrevista en el colectivo. Desde entonces siempre está en ruta, reparte la suerte entre la capital cacereña y alrededores -residencias de ancianos, la comandancia de la Guardia Civil, consejerías, la universidad Laboral, incluso viaja a Sierra de Fuentes-.

Ayer aguardaba junto a la entrada del hospital San Pedro de Alcántara y en apenas veinte minutos, tres clientes se acercaron a comprarle un boleto. A sus 58 años y «medio» -en agosto cumple los 59, confiesa estar «encantada» con su trabajo. «Siempre estoy contenta de repartir suerte y felicidad». «Estoy contenta», relata. Completa su jornada de mañana y tarde de lunes a viernes. «Los sábados y los domingos no trabajo», anota con la firmeza que le otorga su carné de sindicalista. Tiene dos hijos, Elisabet y Raúl. Y dos nietos. «Tres», rectifica. Uno viene en camino y aumentará la familia este verano.

La cacereña es una de las cuatro personas con discapacidad auditiva que la ONCE incluye en su nómina de vendedores en Cáceres. Nicolasa confiesa que su dinámica con los clientes es recibirlos con una «sonrisa». Necesita un intérprete de signos para comunicarse, pero si tiene que charlar con alguien, trabajadores como Miriam están ahí. Aplaude la labor del colectivo cacereño de personas sordas que facilita la presencia de intérpretes en todos los contextos y el avance en la inclusión gracias a organizaciones como ONCE. Y ahí sigue, superando barreras sin saberlo y a pesar de las alertas de mal fario, a la espera de repartir el gran premio algún día.