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Tribuna

El Norba, un icono social y cinematográfico

¿Qué cacereño, antes de su cierre, allá por 1967, no se ha sentado en algunas de sus butacas?

Juan de la Cruz (periodista y escritor)
07/09/2015

 

El Cine Norba se configuró, desde sus inicios, en 1934, como un icono social en la ciudad y que figura, por derecho propio, en la historia de Cáceres.

Y es que el Norba supo ganar un espacio de tipología social y cinematográfica desde sus inicios. Todo ello desde que en el temprano año de 1934 el empresario Juan Pérez , tras darle muchas vueltas a la cabeza, hace apuesta arriesgada, invierte una señalada cantidad de dinero en una apuesta no exenta de complejidades, y se inclina por poner en marcha una sala cinematográfica que, en los tiempos de su inauguración, llegó a convertirse, por lo que señalan los datos documentales, en la segunda sala más grande de España y que contaba ni más ni menos que con la nada desdeñable cifra de dos mil butacas. Toda una apuesta, pues, de señalados considerandos para lo que, como era entonces la ciudad de Cáceres, no dejaba de ser una pequeña capital de provincia. Pero eso sí, carente en buena parte de motivaciones de entretenimiento y distracción.

El Cine Norba se puso de tiros largos y apostó por la modernidad en todas sus vertientes, comenzando por unas instalaciones verdaderamente modélicas para la época. Y su puesta de tiros largos se llevó a cabo con la proyección de la película La amargura del general Yen , protagonizada por Barbara Stanwyk , en el transcurso de un acontecimiento de glamour de la sociedad distinguido de la época, y que dio comienzo a las siete y cuarto de la tarde.

Los que pasaron por taquilla aquel día, aunque había muchos invitados, abonaron la nada desdeñable cifra de 2,50 pesetas. Lo que, evidentemente, no estaba al alcances de muchos bolsillos cacereños. La segunda sesión o pase, como se denominaba, tuvo lugar a las diez y cuarto de la noche. Un cine, al tiempo, con el que la sociedad cacereña se volcó de modo significativo por sus aires de renovación en el espejo de la diversión y su apuesta por el panorama del cinematógrafo en unos tiempos que las tardes eran en el decir de la crónica social, más bien apelmazadas y algo aburridas.

El transcurso del tiempo iría diseñando poco a poco, sin pausa pero sin prisa, aunque con el ojo siempre en la taquilla, porque el ojo del amo engorda el caballo, la marcha y los rumbos de la nueva sala cinematográfica cacereña. Y que como se demostraría, fue un más que señalado acierto logístico y económico, que para eso se ponen en marcha los negocios, de su propietario. Juan Pérez, se alzó como un empresario decidido, en una apuesta que resultaba compleja.

EL CINE NORBA se había enclavado, con una gran visión de futuro sobre el crecimiento de la ciudad, en el medio de la columna vertebral de Cáceres, y en una zona por la que ya iba creciendo la ciudad con unas connotaciones de lo que podemos definir, sin lugar a dudas, como de alto standing.

Un cine que llegó a ser un elemento de gran relieve en el paisaje social de Cáceres. Cómodo, con todo tipo de detalles, de gran trazado, y que, fruto de una acertada política comercial, entre sesiones numeradas, infantiles, con grandes colas en avenida de La Montaña abajo, ya que allí estaba la entraba de Gallinero y Anfiteatro, estrenos, dobles, las sesiones féminas, dos por una, en la tarde de los jueves, y con aquel original reparto de propaganda los días festivos con prospectos en el recorrido entre el cine, San Antón, San Pedro, la plaza de San Juan, Pintores y la plaza Mayor, lograba un éxito clamoroso de público, mientras, sobre todo las mañanas de los domingos, se generaban largas colas ante las ventanillas, de cacereños para adquirir las localidades.

PREVIAMENTE, parte de los asistentes a la proyección de las películas se abastecían, entre el puesto de la Quica , apostado acertadamente enfrente del cine, y el bar del Norba, de una diversidad de frutos secos y dulces que dejaban un sonido especial durante las proyecciones. Entre desenvolver el caramelo o el regaliz, mascar pipas, explotar bombas de chicles, mientras avanzaba la proyección cinematográfica.

Y por el Cine Norba, mientras transitaba la evolución cinematográfica por su pantalla al hilo de todo tipo de películas, también desfilaba el todo Cáceres. ¿Qué cacereño, antes de su cierre, allá por 1967, no se ha sentado en algunas de sus butacas de patio, de palco, de anfiteatro o gallinero para seguir los desenlaces de los films? ¿Nadie ha escuchado acaso la voz, con aires de enojo, de "¡Esa puerta...!", de espectadores que ya estaban viendo la proyección, cuando el acomodador la dejaba abierta para acompañar a su localidad a un espectador tardío y rezagado, que siempre los había y nos distraía del seguimiento de la proyección?

Allí se escuchaban, como en todas las salas de cine, cuchicheos, conversaciones, los 'chists' de quienes pedían silencio, lo mismo que había espectadores postergados que necesitaban el auxilio del acomodador con la linterna por el acceso a los asientos.

Un emblema de la ciudad donde se gestaron muchos recuerdos, imágenes, estampas, secuencias personales protagonizadas por miles de cacereños de diversas generaciones.

 ENTRE conversaciones intranscendentes hasta besos robados en la semioscuridad de la película, entre aplausos cuando el bueno de la película salvaba los apuros del desenlace final hasta lágrimas con películas emotivas, desde suspiros hasta manos que se juntaban en el amor juvenil, desde gritos en las películas de terror pasando por carcajadas que aún retumban por los aires del Cáceres cinematográfico que tuvo en el Cine Norba uno de sus buques insignias.

Todo ello hasta que en 1967 se echó el cierre al mismo a consecuencia de la voracidad de los nuevos tiempos que ponían en marcha nuevas sugerencias, nuevas modas, nuevos perfiles recreativos. nuevas distracciones y pasatiempos, nuevas vías de ocio.

Para su despedida de la ciudad de Cáceres el cine Norba lo hizo con la película Cuando ellas enredan , protagonizada por Eddie Constantine . Los que acudieron a butaca de patio pagaron en taquilla la cantidad de 20 pesetas y los que lo hicieron en anfiteatro o gallinero abonaron 11 pesetas.

¡Cuántos cacereños asistimos, perplejos y sobrecogidos, con el cierre, y posteriormente con la piqueta, al derrumbamiento de un edificio simbólico en Cáceres, mientras algunos, hasta donde tenemos conocimiento, soltaban lágrimas de adioses...!

Sea como sea, y, a pesar del paso y el avance del tiempo, que todo lo va cambiando sin que lo apreciemos en la carrera del día a día, el Norba constituyó un verdadero icono social y cinematográfico en Cáceres.

3 Comentarios
03

Por Plinio 12:20 - 07.09.2015

(La vulgaridad también debería ser punible) Si, el cine Norba nos trae recuerdos imborrables a los cacereños de cierta edad. En su sala reimos, lloramos de emoción y hasta nos iniciamos en las cuitas del amor. Es de agradecer que el "Extremadura" nos traiga estos recuerdos.

02

Por hurdano 12:19 - 07.09.2015

Se te ha olvidado decir, que la obra fue realizada por el prestigioso constructor cacereño D. Francisco Arias del Amo, y que el patio de butacas tenia 1200 asientos, el mas grande de Europa, y sin una columna.

01

Por SUPER MARIO 11:09 - 07.09.2015

"QUE RECUERDOS"SOBRE TODO UN DIA QUE NOS HECHARON HA LOS CINCO AMIGOS QUE FUIMOS,PORQUE UNO(EL CACHONDO DE TURNO)AL ENPEZAR LA PELI,Y ESCUCHAR;FILMAS PRESENTA,EL DIJO EN VOZ ALTA;UNAS BRAGAS DE LA TALLA CUARENTA,Y TODOS HA LA CALLE.