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análisis del dulce momento que atraviesa el club polideportivo almendralejo

Cisqui: «Nuestro gran secreto es que somos una verdadera familia»

El conjunto juvenil, líder en Liga Nacional, sueña con ascender a División de Honor. Varios equipos han ganado torneos en estos días en Madrid, Badajoz y Azuaga

 

Francisco Javier Diosdado ‘Cisqui’, coordinador del CP Almendralejo, en el polideportivo municipal. - R.C.

RODRIGO CABEZAS
13/01/2017

Después de más de una década de intenso trabajo a pie de campo, el Club Polideportivo Almendralejo se ha ganado el derecho a soñar con un ascenso a la élite del fútbol base español. La escuela de fútbol que coordinan y gestionan Francisco Javier Diosdado Cisqui y Pepe Tirado atraviesa uno de sus momentos más dulces. Sus equipos son punteros de la mayoría de categorías del fútbol de formación y sus logros en campeonatos nacionales e internacionales siguen creciendo. Recientemente, el equipo prebenjamín se proclamó campeón del torneo del Rayo Vallecano de Badajoz. El benjamín logró deslumbrar en Madrid en la escuela del Sanse. Y el alevín se llevó el trofeo nacional de Azuaga. Aunque el sueño puede llegar con la punta de lanza: el juvenil.

A falta de 12 jornadas para el final, el CP Almendralejo juvenil es líder de su grupo en Liga Nacional. Está un punto por encima de Flecha Negra y Ciudad de Plasencia, con quienes se jugará el título y el ascenso a División de Honor. «Tenemos los pies en el suelo, pero nos hemos ganador ese derecho a soñar. Se lo digo a Angelito (el entrenador). Haznos soñar, a mí y a los más de 400 niños que están deseando ver a ese equipo en la élite», comenta Cisqui.

El cerebro del CP Almendralejo sabe que un ascenso a esta categoía supondría un salto de calidad a su club y al fútbol de la ciudad. «Podemos conseguirlo. Sería ver a las futuras estrellas en nuestro Almendralejo».

Cisqui, que ha decidido darse un respiro en los banquillos, asegura que volverá a entrenar en un futuro, pero está plenamente concentrado en el CP Almendralejo: «no dejamos de hacer cosas nuevas y siempre hay aspectos que mejorar. Debemos ser constantes». Su escuela lleva más de diez años con vida. El gran secreto, lo tiene claro: «Somos una verdadera familia. Nos ayudamos constantemente unos monitores a otros y, al mismo tiempo, aprendemos los unos de los otros. Así funcionamos».

Cisqui tiene claro que los niños «antes de ser futbolistas tienen que ser personas. Hemos de saber darle valores como persona. Luego construiremos deportistas. Y puede que algunos lleguen a futbolistas. Hoy día el padre es muy coherente y saben que no todos pueden ser futbolistas, por eso me enorgullece que depositen la confianza de dejar a sus hijos a merced de la educación que aquí les damos». Y luego están los sueños. «Habrá algún día alguno que llegue lejos y, por qué no, lo veamos en televisión. Eso será trabajo de todos los técnicos».