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Locura ordinaria

Poetas versus novelistas

En todo buen texto, las tres primeras líneas tienen tanta importancia como las tres últimas

José Manuel Díez José Manuel Díez
21/12/2014

 

TStuele haber entre los grandes novelistas un deseo latente de alcanzar la profundidad de la poesía o, al menos, de la prosa poética en lo que escriben. Fue Vargas Llosa quien dijo que la poesía es el más perfecto género literario , y han sido muchos los grandes novelistas que en el último medio siglo han secundado esta afirmación. Sin embargo, la mayoría de los poetas que conozco anhelan justamente lo contrario: llegar a escribir una buena novela algún día. Y hay casos más específicos, como el de José Hierro , que después de escribir poesía durante toda su vida y ser reconocido principalmente como poeta, afirmó preferir siempre la novela frente a la poesía. Todo un contrasentido que daría para más de una tesis doctoral.

No deja de llamarme la atención esta habitual objeción de géneros: muchos buenos novelistas empezaron, en sus inicios literarios, escribiendo una prometedora poesía (recuerdo habitualmente los bellos poemas de juventud de Camilo José Cela o los poco conocidos de Juan Carlos Onetti ) y, a su vez, muchos buenos poetas terminan, ya en su madurez, escribiendo interesantes novelas (hay casos que me interesan especialmente, como los de Félix Grande o Caballero Bonald ). Mucho se podría argumentar sobre las fronteras borrosas entre estos géneros y, también, sobre la extendida creencia de que la novela engloba, o podría englobar, todos los géneros restantes. Hay opiniones y experiencias literarias para todos los gustos. Y, justamente por ello, creo necesario aclarar el latinismo versus , que he usado en el título de este artículo, no debe traducirse como contra (su última acepción en castellano), sino como hacia , como medio entre dos términos no siempre contrarios, sino también, en ocasiones, complementarios.

Por mi parte, admiro de la novela esa amplia gama de dimensiones creativas que ofrece al escritor y, por extensión, siendo poeta, me siento en inferioridad con los buenos novelistas por lo complejo que a mí se me hace la prolongación de su desarrollo. Una admiración que, como todas, encierra en sí una lúcida envidia (el adjetivo sana nunca me gustó antepuesto a este sustantivo) y muchos deseos de escribir novela algún día, pues en mi propio caso, aunque la poesía sea la base de mi trabajo diario, así escriba canciones, artículos de prensa o ensayos, hace bastantes años que anhelo significarme mejor con la expresión en prosa, de cuyos dos registros básicos --el cuento y la novela-- me siento deudor y aprendiz desde muy niño, quizá desde antes de saber leer poesía (y aquí aclaro mejor mi enunciado: la poesía no basta con leerla; sino que es necesario saber leerla para disfrutar de ella plenamente).

Así mismo, llevo media vida empezando novelas que no logro concluir nunca del todo o que, como máximo, he terminado por resolver en forma de cuentos o guiones de cine. He aquí uno de mis grandes desvelos creativos. Un sentimiento que se me antoja mutuo a muchos amigos poetas y novelistas con los que he podido dialogar sobre este mismo tema: aquéllos se preguntan cómo escribir buenas novelas y, éstos, cómo escribir buenos poemas. Fue Javier Rodríguez Marcos quien dijo que la poesía se excava y la prosa se amontona , y me parece que tales definiciones, aun siendo muy certeras, no hacen sino enfrentar dos cualidades de ambos géneros que el otro, recíprocamente, querría para sí: una poesía que amontone y una prosa que excave. Quizá ese sea el secreto de todo buen escritor: encontrar el justo medio en sus distintas expresiones.

Llegado a tal punto, he decidido reunir ciertos consejos y pautas que todo aprendiz de novelista debería saber aplicar a su obra en prosa, más aún si es poeta (como es mi caso); destacando algunos que me parecen muy esclarecedores y citando los cinco escritores de los que provienen. Tomen nota los interesados:

 

1) Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes. Trabaja solo, lejos del influjo de otros escritores, sin miedo a tus propias dudas y creencias. Inventa, construye, pero no describas. Un escritor, si sirve para algo, no describe. (Ernest Hemingway )

 

2) Preparar una sinopsis de escenarios y acontecimientos en su orden de aparición, no de narración. Escribe con fluidez, sin ser crítico con los personajes o las situaciones propuestas. Pon especial atención al lenguaje y a la sintaxis. Busca la efectividad al comienzo y el clímax al final. (H. P. Lovecraft )

 

3) Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión o la pobreza. Cree en ti, pero no tanto. Duda de ti, pero no tanto. (Augusto Monterroso )

 

4) No empieces a escribir sin saber a dónde te diriges. En todo buen texto, las tres primeras líneas tienen tanta importancia como las tres últimas. No escribas bajo el influjo de la emoción, deja que se calme y luego evócala. (Horacio Quiroga )

 

5) Como para casi todo en la vida, las dos grandes armas del novelista son la constancia y la convicción. Lo más importante es el poder de persuasión, se esté escribiendo ficción o no. En toda trama, es tan importante saber qué datos se dan como qué datos no se dan. (Mario Vargas Llosa )

 

XSERIA MUY DIFICILx, considero, dar una lista similar de consejos y pautas propicios para escribir poesía, quizá por la propia deslealtad histórica y estilística que la buena poesía ha tenido siempre consigo misma, en continua búsqueda de nuevas formas, claves y voces. Sin embargo, advierto que muchos de los consejos aplicables para la prosa servirían para alumbrar igualmente el germen de un buen poema, demostrando algo que todo buen lector --entiéndase, benefactor de una biblioteca heterogénea--, debería saber: la buena literatura es buena, sea del tipo que sea; incluso si escapa a encasillamientos y géneros claros, como es el caso de ciertos libros en los que el novelaje, la poesía, el guión cinematográfico y hasta el discurso político logran congeniar.

Creo que todos estos anhelos del novelista que quiere alcanzar la profundidad del poeta y del poeta que quiere poetizar el desarrollo de la prosa no son sino un reflejo vocacional del más alto deseo de todo creador literario: escribir por una misma mano todas las dimensiones que alcanza a ser como hombre, y hacerlo bien en todas sus formas expresivas. Algo al alcance de muy pocos, pues solemos olvidar que los géneros literarios no sólo se distancian entre sí sobre el papel, sino también --y quizá con mayor precisión-- en el pensamiento y sentimiento de sus ºotenciales autores.

Queda, así, entreabierta la eterna puerta de lo que está por venir: buenos poetas y buenos novelistas que jamás alcanzarán la satisfacción completa en sendos campos. O sí, quién sabe. Como todo en esta vida, siempre hay honrosas excepciones, y su primer triunfo fue intentarlo.

Lo demás, es literatura.