Norman Foster revela cómo ganó la batalla a un cáncer

El célebre arquitecto da una entrevista a ´The Guardian´ por su 75 cumpleaños.

BEGOÑA ARCE BEGOÑA ARCE 02/07/2010

El arquitecto Norman Foster, que este mes cumplirá 75 años, ha revelado en una entrevista al diario británico The Guardian cómo hace una década tuvo que luchar para ganarle le batalla a un cáncer intestinal.

En aquella crisis, su mejor manera de salir adelante fue la de continuar trabajando sin bajar la guardia. "El día después de que me dijeran que tenía cáncer tuve que presentar la entrega de la medalla de oro de Riba un prestigioso galardón arquitectónico a la ciudad de Barcelona", recuerda. Aquello fue en 1999, el mismo año en que Lance Armstrong ganó el Tour de Francia después de vencer un cáncer, que se había extendido a varias partes del cuerpo. La lectura de las memorias de Armstrong le ayudó a sobrellevar las duras sesiones de quimioterapia, que describe como "horrorosas". Consumado deportista desde su juventud, el enfermo fue aún más allá: se compró una bicicleta de carreras y, aunque como dice, "no he ganado el Tour de Francia", sí ha realizado varias carreras desde entonces.

CASADO CON UNA ESPAÑOLA Foster, hombre reservado en su vida privada, está casado en terceras nupcias con la editora española de libros de arte Elena Ochoa, con la que ha tenido dos de sus cinco hijos. Ochoa participó recientemente en la realización de un documental ¿Cuánto pesa su edificio, señor Foster? , sobre la obra de su marido.

El que está considerado como uno de los grandes genios de la arquitectura internacional va a celebrar su cumpleaños en el castillo del siglo XVIII, que posee entre las ciudades suizas de Lausana y Ginebra. Allí está completando un museo dedicado a la aviación, otra de sus grandes pasiones, con modelos de 75 aviones, que forman parte de su propia colección, en la que hay auténticas joyas de la historia de la aeronáutica. La arquitectura le sigue ocupando, sin embargo, la mayor parte de su tiempo, una profesión por la que no ha perdido el entusiasmo, a pesar de la consagración y de los recientes zarpazos de la crisis. Foster and Partners, su firma, es hoy una organización global en la que trabajan 1.000 arquitectos. En sus estudios se diseñan museos, universidades, hospitales y edificios de oficinas para países de los cinco continentes. No todos, sin embargo, son grandiosos y costosos proyectos. De su propio bolsillo está costeando la modesta construcción de una escuela en Sierra Leona, cuyos muros estarán hechos de vigas de madera y ladrillos de barro.

En las próximas semanas saldrá a la venta una biografía del arquitecto realizada por Deyan Sudjic, director del Museo del Diseño de Londres. La publicación no será el punto final a la carrera de un hombre en cuyo vocabulario no tiene cabida la palabra jubilación. "Nunca he estado tan ocupado" y "no sabría cómo parar", afirma decidido a seguir el ejemplo de su famoso colega, Oscar Niemeyer, uno de sus héroes de la época de estudiante en Manchester. El arquitecto brasileño vive en Río de Janeiro y, a los 102 años, sigue trabajando.

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