En Tel-Aviv, la más liberal y tolerante de las capitales israelís, no es difícil ver a dos hombres pasear cogidos de la mano o besándose en la playa. En su Ayuntamiento hay al menos un concejal abiertamente gay. Los bares de ambiente forman parte indisociable del menú de su noche golfa y hedonista. Y cada año la ciudad celebra una fiesta del orgullo gay que reúne a miles de personas. Detalles como estos habían convertido a Tel-Aviv en un refugio para la comunidad homosexual, arrinconada en Jerusalén por los fundamentalistas religiosos. Su suerte cambió trágicamente el sábado.

Un pistolero encapuchado entró poco antes de la medianoche en un centro social de la Asociación de Gais y Lesbianas de Tel-Aviv mientras celebraba una de sus reuniones semanales dirigidas a jóvenes y adolescentes. El asaltante sacó una pistola y disparó a quemarropa en todas las direcciones. Dos personas murieron --Nir Katz, de 26 años, y Liz Trobishi, de 16-- y otras 15 resultaron heridas, la mayoría menores. La policía busca todavía al asesino, pero descarta que se trate de un ataque terrorista palestino o de un ajuste de cuentas.

CONDENA UNANIME "Al principio pensé que era una broma, pero abrió fuego inmediatamente", relató más tarde uno de los heridos. "La gente se escondió bajo la cama y las mesas. No hubo gritos. Es un lugar pequeño, una vez estás dentro no hay escapatoria", aseguró este testigo.

Al conocer la noticia, cientos de personas se echaron a la calle en una vigilia silenciosa. Todos juntos sin odio ni miedo , rezaba una de las pancartas. La marcha de repulsa se repitió ayer por la mañana, presidida por varios dirigentes de una clase política que condenó unánimemente el crimen cometido.

El ataque ha conmocionado al país, pero no todo el mundo está sorprendido. Los ultraortodoxos consideran la homosexualidad una abominación y sus partidos cargan periódicamente contra gais y lesbianas. Les acusan de propagar enfermedades, de pervertir a los jóvenes e incluso de provocar catástrofes naturales.

El año pasado, un diputado del Shas, Shlomo Benziri, llegó a decir en el Parlamento que el sexo entre hombres es la causa oculta de los terremotos. La virulenta intolerancia de los fundamentalistas sale a relucir cada año durante la marcha gay de Jerusalén. Sus contramanifestaciones están plagadas de insultos e intentos de agresión. Llegan incluso a lanzar bolsas de excrementos sobre los participantes y, hace cuatro años, dos personas fueron apuñaladas.

ADOPCION Y MATRIMONIO Tanta saña contrasta con una legislación marcadamente progresista respecto a los derechos de los homosexuales. Gais y lesbianas pueden adoptar y sus matrimonios, oficiados en el extranjero, son reconocidos en Israel. Sin embargo, todavía queda mucho trabajo por hacer.