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trujillo 3 acuerdo adoptado en un pleno extraordinario

El sacerdote Florián Rodríguez ya es hijo adoptivo a título póstumo

Vecinos, familiares y cargos eclesiásticos asistieron en masa al nombramiento

 

El alcalde entrega el título a una representación de los ciudadanos. - AYUNTAMIENTO DE TRUJILLO

Aunque falleció en 2014 a los 89 años, el párroco Florián Rodríguez sigue estando muy presente entre todos los trujillanos, gracias a la huella que dejó en todos ellos durante su trayectoria profesional. Así lo han repetido en el pleno extraordinario celebrado en el ayuntamiento para concederle el título de hijo adoptivo de la ciudad, a título póstumo. La petición partió de un grupo de matrimonios con los que el cura compartió durante 33 años jornadas de trabajo y reflexión, y ha estado avalada por las firmas de más de 35 colectivos. De ahí que el consistorio haya cogido con buen agrado la idea, votada por unanimidad.

El salón de plenos estuvo abarrotado durante la celebración del acto, en el que alcalde Alberto Casero inició su discurso recordando la trayectoria del homenajeado y «el surco dejado en el alma de los trujillanos». Igualmente, los líderes de la oposición, Fernando Acero (PSOE) y Joaquín Paredes (IU-SIEx), tuvieron palabras de recuerdo y agradecimiento para don Florián, como todos le conocían. El primero consideró «más que merecido» el título a la vez que recordó algunas anécdotas familiares vividas junto al párroco. Por su parte, Paredes destacó «su enorme capacidad intelectual y cómo transmitía su a mor a la sabiduría». Seguidamente, tomaron la palabra uno de los tres sobrinos del nuevo hijo adoptivo, un representante del grupo de matrimonios impulsor de la idea y el administrador de la Diócesis de Plasencia, para seguir alabando su persona. Además, hace un año recibió un homenaje en la pedanía de Pago de San Clemente donde fue párroco en su última etapa.

TRAYECTORIA / Florián Rodríguez, natutal de Talaván, desarrolló gran parte de su vida sacerdotal en Trujillo y pueblos de la comarca. De hecho, fue sacerdote en Madroñera e Ibahernando y durante 28 años estuvo al frente de la parroquia de Santa María y San Francisco de Trujillo. Una vez jubilado, se convirtió en párroco de Pago de San Clemente. Durante esta trayectoria fue arcipreste de Trujillo, capellán de las religiosas de la Orden Hijas de los Dolores y profesor en el seminario y de la asignatura de Filosofía en el colegio del Sagrado Corazón de Jesús y el ya desaparecido colegio de las Carmelitas.