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GASTRONOMÍA Y SALUD

Doctor Ramón Estruch: "La nutrición es pasión y mucha confusión"

Ramón Estruch es consultor de Medicina Interna del Clínic de Barcelona y un gran defensor de la dieta mediterránea

 

El doctor Ramón Estruch, en una foto de archivo. - ROBERTO RUIZ

EFE / INÉS ESCARIO
11/11/2017

Para el doctor Ramón Estruch, consultor de Medicina Interna del Clínic de Barcelona y gran defensor de la dieta mediterránea, "la nutrición es pasión y mucha confusión", y frente a las miles de pautas que encontramos en internet es tarea de los científicos el "aportar un poco de luz".

"Cada día aparece una dieta nueva que se basa mucho en la teoría, pero luego hay que conocer la práctica. Y hasta el momento la dieta más saludable es la mediterránea", afirma el doctor en declaraciones a Efe con motivo de su participación en el Congreso de Gastronomía y Salud celebrado en Zaragoza.

Y es que, según las investigaciones en las que ha participado Estruch, haciendo una buena dieta mediterránea podemos reducir en un 30 por ciento el riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares "por lo que tiene un efecto que puede ser mayor que los propios fármacos".

Aunque tiene que ser "una dieta mediterránea tradicional, que la estamos perdiendo". "Actualmente pensamos que comemos bien y no comemos bien. Cuanto más nos aproximemos a la dieta de nuestros abuelos, mucho mejor", aconseja.

Ante la pregunta ¿en qué consiste esa dieta clásica?, Estruch invita a trasladarse a lo que podría ser la España, Italia o Grecia de los años 60 del pasado siglo.

A un "patrón de alimentación" que se basaba en un consumo de cereales diario, unas cinco raciones de fruta y verdura al día, legumbres dos veces a la semana, sin olvidar los frutos secos y el aceite de oliva "como elemento vertebrador de toda la dieta". Y si es virgen extra, "todavía mejor".

Y como consumo moderado se puede añadir al menú el pescado -tres o cuatro veces a la semana-, la carne -alternando la blanca con la roja-, y los lácteos fermentados como el yogur o el queso fresco.

Sin olvidar el vino y la cerveza. Según Estruch la moderación en su consumo, es decir, una caña de cerveza o un vaso de vino al día durante la comida supone un 25 % del efecto protector de la dieta mediterránea.

"Tiene un efecto protector por el alcohol que lleva de forma moderada y por los polifenoles, compuestos bioactivos que sintetizan las plantas para protegerse de sus enfermedades, del sol o de la sequía", explica.

Por eso, cuando los tomamos "estamos adquiriendo esta protección frente a enfermedades crónicas como las cardiovasculares o incluso el cáncer", sostiene el experto en nutrición.

Para los que dudan entre la copa o la caña, el doctor precisa que los efectos beneficiosos son similares, aunque encabeza la clasificación el vino tinto, seguido por la cerveza y, en tercera posición, el blanco.

En cualquier caso, también hay otros alimentos como el té, la soja o el cacao que no pertenecen a la dieta mediterránea pero que son igualmente saludables.

El cacao en concreto es un "superalimento", proclama Estruch, y como en el vino o en la cerveza los responsables de estas bondades para la salud son los polifenoles.

"El cacao puro es muy bueno porque tiene abundantes polifenoles, que a veces tienen un gusto amargo por lo que hay personas que lo rechazan. Para quitar ese gusto se añaden azúcares o grasas y aquí las características saludables se pierden", analiza el doctor, quien recomienda tomar el cacao "lo más puro posible, mientras lo permita el paladar" para lograr sus efectos antinflamatorio y antioxidante.

Un "superalimento" como el cacao que forma parte de un estilo de vida saludable, junto con el seguimiento de una dieta mediterránea, en la parte nutricional, que debe combinarse con la "actividad física realizada de forma constante".

Pero para el doctor existe un "tercer brazo de protección de la salud" menos nombrado y estudiado ligado a "aspectos psicosociales como la sociabilidad, saber disfrutar de la vida o dormir las horas que toca".

Pero, ¿ser feliz puede influir en la salud? "Pensamos que sí", responde el doctor.

Y para demostrarlo recurre a un sencillo ejemplo que suele exponer en sus charlas, utilizando "el plato mediterráneo por excelencia", la paella.

"No es lo mismo comérsela con amigos mirando al mar que delante de un ordenador trabajando. Aunque tomes la misma paella seguro que el efecto es diferente".