OBITUARIO
Adiós, Queca Campillo, que siempre 'cacereñeó' con orgullo ejemplar
El autor es Juan de la Cruz Gutiérrez
Acaba de fallecer Queca Campillo. Una mujer, compañera, amiga entrañable, con la que tuve el placer de mantener una entrañable amistad, unidos por el periodismo político-parlamentario y el 'cacereñismo'.
Mi querida Queca: ¡Cuántos días compartimos, ahora, en el recuerdo, entrañables almuerzos, paseos y estancias en nuestra labor periodística en el Congreso de los Diputados...! Tú, como extraordinaria fotógrafa. Y yo, como modesto cronista parlamentario de TVE...! ¡Y cuánto hablábamos de Cáceres...! ¿Recuerdas?
Tu muerte, Queca, me ha trasladado a tus sonrisas, al respeto, al cariño y a la sensibilidad profesional con que te distinguían todos, allá en el Congreso. Desde Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, los ministros, Felipe González, jefe, entonces, de la oposición, o Santiago Carrillo.
ERAS UNA excelente profesional, que obtuviste con un extraordinario reconocimiento el Premio Nacional de Fotografía en 1980, cultivando siempre el objetivo, luchando a brazo partido por la instantánea de primera página de la prensa, sonriendo, trabajando, hablando, compartiendo mesa y mantel. Lo mismo que ejercías, siempre, como una gran cacereña ahora que me apuesto el cuello, como decíamos de niños en nuestra infancia de la ciudad de Cáceres, que todos el mundo sabía en el congreso que Queca era de Cáceres. Ujieres, diputados, asesores parlamentarios, miembros del gabinete de prensa, policías...
Y 'cacereñeó' con una simpatía arrolladora, con una palabra siempre dulce y amorosa sobre Cáceres, con un álbum de fotografías que eran, que son, que serán, siempre, un tesoro para la historia documental de nuestra Ciudad, de la que tanto, y siempre, te enorgullecías. Y siempre, al tiempo, con el semblante más genuinamente risueño.
Atrás quedan infinitos recuerdos de un hermoso tiempo amigo. Y que, ahora, al teclear, me lleva a las lágrimas más dolorosas de nuestra siempre extraordinaria relación. Vaya desde aquí todo mi más inmenso dolor, con la exquisita sensibilidad cacereñista, con tu impresionante talla humana, con tu gran calidad profesional, con tu cordialidad, con tu simpatía... Descansa, querida Queca, acompañada del inmenso álbum de fotografías que te llevas en el regazo de tu belleza humana, social, personal, y, sobre todo, del corazón, del empeño y de la pasión por tu Cáceres del alma. Un beso así de grande.
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