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El Periódico Extremadura

LA ESCASEZ DE VOCACIONES ES UN PROBLEMA QUE ACECHA EN LA PROVINCIA DESDE HACE AÑOS

La falta de curas impide bendecir a los niños en su presentación a la patrona de Cáceres

Suele hacerlo el obispo, que este año se ausentó por un compromiso con la Conferencia Episcopal. El novenario celebra diez misas al día. El próximo año tendrá que reducirlas porque no hay sacerdotes

Una madre con su pequeño y el mayordomo de la cofradía, Juan Carlos Fernández Rincón, y el vocal de culto, Ángel Campos. SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

La falta de párrocos en la Diócesis de Coria-Cáceres ha impedido este año bendecir a los niños durante su presentación a la Virgen de la Montaña. Frente a lo que se esperaba no ha sido uno de los actos más multitudinarios, quizás porque la pandemia ha frenado la asistencia, por eso, por primera vez, la cofradía había reservado dos días del novenario (hoy miércoles y mañana jueves, de 16.30 a 17.30 horas) para que los padres pudieran llevar a los más pequeños a saludar a la patrona, pero se encontraron con que no había ningún religioso en el altar, junto a la talla de la Virgen. Habitualmente es el obispo el que suele presidir el acto y es quien se encarga de alzar a los niños hasta la patrona (la imagen está sobre el altar, por eso se coge al pequeño en brazos y se le acerca a su cara), de darles la bendición y de posar junto a sus padres para que tengan una foto de recuerdo.

Este novenario iba a ser el estreno del nuevo obispo, Jesús Pulido, en esta actividad, una de las principales de la semana de la patrona; pero se ausentó porque se encontraba en la asamblea plenaria de la conferencia episcopal. Y ha sido imposible encontrarle un sustituto. No había sacerdotes disponibles debido precisamente a la falta de vocaciones y a la intensa actividad religiosa que se concentra estos días por el novenario. Cada jornada se celebran en Santa María diez misas (ayer, justo después de la presentación a los niños, hubo una dedicada a las amas de casa y mañana, también después de este acto con los más pequeños, habrá otra por las asociaciones de discapacitados).

A la cofradía de la Santísima Virgen de la Montaña cada vez le resulta más complicado cuadrar con los sacerdotes para que se puedan cubrir todas las eucaristías previstas. Por eso, tal y como afirma su mayordomo, Juan Carlos Fernández Rincón, el próximo año habrá que replantearse esta situación y reducir el número de misas. El problema es que le resulta imposible seleccionar las que se pueden suprimir porque «todas están llenas», desde la de las ocho de la mañana hasta la de las diez de la noche. Y muchas, además, son solicitadas por colectivos de la ciudad que quieren una eucaristía en su honor junto a la virgen.

Por el coronavirus

Así que este miércoles, junto a la talla de la patrona se encontraban el mayordomo de la cofradía, Juan Carlos Fernández Rincón, el hermano mayor, Isidro Morales, y el vocal de culto, Ángel Campos. Ha sido un acto diferente no solo por la ausencia de un sacerdote que diera la bendición a los más pequeños, sino porque esta vez han sido los propios padres los encargados de alzar a sus hijos hasta la imagen. Esto se había decidido así por el coronavirus, para evitar que los más pequeños fueran manipulados por otra persona que no fueran sus progenitores (y para evitar también que el obispo o el sacerdote tocara a decenas de niños).

A pesar de todo ha sido, como siempre, un acto de lo más entrañable. No hay cacereño devoto de la patrona que no quiera compartir su recién estrenada maternidad (y paternidad) con la Virgen de la Montaña. Ser padres es el momento más importante y feliz en la vida de los progenitores, pero también entraña miedos, inseguridades y preocupaciones. Haya o no razones por las que preocuparse, un hijo siempre conlleva quebraderos de cabeza. Uno quiere hacerlo lo mejor posible y nunca se sabe si se acierta en las decisiones. Da igual del tipo que sean. Ser padres es duro y difícil, aunque el reto sea apasionante.

Por eso este miércoles los llantos de los bebés (y no tan pequeños porque muchas familias acuden con todos sus hijos) se volvieron a dar cita en Santa María. Han sido decenas de familias las que han participado esta tarde en esta actividad. Muchas llevaban tres años esperando. Y es que desde marzo de 2020 ningún padre ha podido saludar de cerca con sus hijos a la Virgen. La pandemia lo paró todo, en un momento en el que el miedo y la preocupación eran más fuertes que nunca.

Como viene sucediendo a lo largo de todo el novenario, se ha contado con la colaboración de los voluntarios de ARA, que se han encargado de organizar la entrada y salida de las familias, que se ha realizado por el acceso más cercano a la diputación provincial. Para este jueves se pide que acudan dos acompañantes como máximo y con mascarilla. 

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