El Periódico Extremadura

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la crónica del juicio

Empleados y policía acorralan a los acusados del robo de Atrio

Los registros de llamadas los delatan: «A ver si podemos colocar las botellas en Estados Unidos». De 16 testigos, solo un agente y el recepcionista identifican a Dumitru y Priscila como los autores

Los dos acusados, Priscila Lara Guevara y Constantin Dumitru, este lunes, durante el juicio. TSJEX

Apenas unos segundos. Esto fue lo que se prolongó el interrogatorio de los acusados del robo de Atrio, Constantin Dumitru y Priscila Lara Guevara, que precisamente se acogieron a su derecho a no declarar. Era uno de los momentos más esperados del juicio que comenzó este lunes en la Audiencia de Cáceres tras un primer acercamiento entre las partes hace dos semanas que concluyó sin acuerdo. 

En esta primera jornada estaban citados acusados y una veintena de testigos, entre ellos los dueños del hotel, empleados y agentes de la Policía Nacional; tenía como pretensión arrojar luz sobre los principales interrogantes del caso, como el paradero de las botellas. Empleados y agentes cerraron el cerco sobre los imputados, que tan solo se pronunciaron ante la Sala para manifestar su inocencia. 

A falta de la próxima jornada --la de este miércoles-- en la que los peritos aclararán si las muestras de ADN extraídas corresponden a Dumitru y Lara Guevara, los testimonios de este lunes aportaron evidencias, como la identificación de los dos acusados por parte de al menos dos testigos (un agente nacional y el recepcionista) y vídeos y un registro de llamadas que los sitúan en el lugar de los hechos. 

Siguiendo la dinámica de la anterior sesión, los acusados llegaron al palacio de justicia pasadas las 9.15 horas custodiados por furgones de la Policía Nacional. Minutos más tarde, hizo lo propio su abogada, Sylvia Córdoba, con gafas de sol y rostro sonriente. En unas breves declaraciones previas a los medios, volvió a reiterar la inocencia de sus defendidos. No quiso hablar Rafael Montes, el abogado de la aseguradora Reale, que ha indemnizado a Atrio con 700.000 euros --en carta los vinos sumaban 1,6 millones--. 

En la sala contigua, más de una veintena de medios, incluidos tres británicos. Sam Jones, corresponsal de The Guardian en Madrid, que se desplazó hasta Cáceres para cubrir la vista, aseguró que el interés del caso reside en su «rareza» y en la exclusividad de una de las botellas sustraídas, un Chateaux d’Yquem de 1806. Los periodistas compartieron asiento con los estudiantes de Derecho que hacen prácticas en el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx) y que también quisieron seguir el juicio. 

Con puntualidad estricta, se inició una sesión que auguraba ser larga e intensa, pero que sorprendió por la contundencia del presidente de la Sala, Joaquín González Casso, que intervino para evitar redundancias en los interrogatorios. De hecho, en un momento de la vista solicitó a la fiscalía prescindir de cuatro testigos para agilizar el juicio, una cuestión a la que dieron el visto bueno las partes.

Los medios siguen el juicio en la sala contigua. Carla Graw

Así, se sucedieron las declaraciones en la mañana. Arrancaron las de los dos acusados. Ambos se declararon inocentes y ambos se negaron a responder a las preguntas de las partes. Sí quiso Dumitru contestar a su abogada pero ella declaró que no tenía ninguna pregunta que hacerle.  

Tan fugaz fue su comparecencia que obligó al juez a decretar un receso hasta que llegaran los testigos. El primero en hacerlo fue uno de los dueños de Atrio. Jose Polo accedió de manera rápida al Palacio de Justicia y prefirió no realizar declaraciones. Su pareja y copropietario del hotel, Toño Pérez, justificó su ausencia por encontrarse en unos premios de la Guía Repsol en Alicante.

Fueron un empleado de Atrio y un agente los que reconocieron a Dumitru y Lara Guevara como los autores. En primer lugar, el recepcionista la noche del robo, el empleado que más contacto tuvo con la presunta autora. Aseguró que esa madrugada se negó hasta tres veces a atender sus demandas pero finalmente cedió. Primero, le subió una ensalada que él mismo elaboró y más tarde, un plato de fruta cortada. «Me extrañó que después de un menú degustación tuvieran hambre», añadió.

El resto de trabajadores, incluido el propietario Jose Polo, no lograron aseverar con certeza si las personas a las que vieron aquella noche eran los dos acusados. Sí lo hizo y con la misma contundencia que el empleado, uno de los policías. Fue, precisamente, uno de los agentes que recibió a los detenidos a su llegada a Madrid. «Son ellos, sin ningún género de dudas», certificó a petición de la fiscal Carmen Barquilla. 

Otra de las claves de esta primera sesión se encuentra en los registros telefónicos y en las cámaras de seguridad. Los policías certificaron que los terminales intervenidos corresponden a los que usaron Dumitru y Priscila la noche de los hechos. Uno de los agentes sostuvo que en una grabación de vídeo en la que el presunto autor cargaba con las botellas, éste realizó una llamada al teléfono de Lara Guevara. 

Del teléfono del acusado también se extrajeron tres conversaciones: la primera sobre la muerte de una hija del acusado y otras en las que se habla sobre los vinos y sobre la posibilidad de darles salida en Estados Unidos o sobre cambiarlos por un coche porque «les estaba costando trabajo colocar las botellas».

Esas charlas muestran que en noviembre de 2021 ya vivían los acusados en los Países Bajos, donde estarían buscando vivienda. Aparece incluso en un SMS el alquiler en un piso en La Haya de alto coste, aunque «no tenían solvencia». En una cuenta de ING tenían 14.000 euros. Este teléfono se desactivó en un vuelo de Barajas y se volvió a activar en El Prat. Visto el listado de pasajeros, aparece el nombre de Dumitru y se reflejan además las llamadas realizadas entre él y su hija y con la propia Priscila. Una vez que se produce la extradición de los acusados, lanzan sus huellas y confirman que la huella del imputado coincide con la de un detenido en Portugal en 2008, con identidad falsa y que era el propio Dumitru.

El Mercedes de Concha y las toallas de la 107

A lo largo de la sesión, los testigos completaron el relato sobre la noche del robo. Los presuntos ladrones se alojaron en la habitación 107. La autora realizó el check-in, cenaron y se marcharon a su habitación hasta que pasadas las 2.30 de la madrugada pidió algo de comer. Fue ahí cuando se produjo el robo aprovechando que no había nadie en la recepción. 

Según la policía, para desplazarse de Madrid a Cáceres usaron un Mercedes rojo domiciliado en la calle Ramón Gómez de la Serna. Al parecer el dueño del vehículo estaría en la cárcel y se lo devolvieron a su madre. Para hacerlo, Dumitru habló por teléfono con su hija, que se habría encargado de entregar las llaves del Mercedes a la madre del dueño.

La última en declarar esta jornada fue la empleada de la limpieza. Lo hizo a petición de la defensa de los acusados. Ella fue la que entró en la habitación y se percató de que habían robado las toallas. «Había un albornoz en la bañera, la cama deshecha y unas botellas de agua», precisó. Tan solo quitó las sábanas, echó un producto químico en el WC y se marchó a otra habitación que corría más prisa porque iba a ser ocupada. 

Fue entonces cuando los dueños se percataron de la ausencia de las botellas. La policía acudió horas más tarde y ahí obtuvieron dos huellas debajo de un mueble de la tele. También se recogió ADN. Estas pruebas son las que se presentarán en la siguiente jornada del juicio este miércoles. 

Fiscalía pide cuatro años y medio de prisión y la aseguradora que paguen los 700.000 euros por los vinos robados, la cantidad que han abonado a los dueños. La defensa pide que sean absueltos.

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