ENTREVISTA | GABRIEL ÁLVAREZ Presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Cáceres

«Los pactos de investidura significan perpetuar las regiones ricas y pobres»

Gabriel Álvarez Arroyo ha sido reelegido presidente de la Cámara de Cáceres este mismo año, por unanimidad.

Gabriel Álvarez Arroyo ha sido reelegido presidente de la Cámara de Cáceres este mismo año, por unanimidad. / TONI GUDIEL

Licenciado en Derecho y diplomado en Empresariales por ICADE, pero siempre dedicado a la empresa (ha tenido participación en una veintena de firmas como Agroforex o Agroquímicos Álvarez), Gabriel Álvarez Arroyo ha sido reelegido presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Cáceres este mismo año. Y además ha contado con el apoyo unánime de todas las entidades y corporaciones multisectoriales, puesto que, al fin, el empresariado sabe que tiene que unirse para sacar a la provincia de una situación lastrada por la falta crónica de inversiones, y ahora también amenazada por la despoblación. Por eso, en la reciente entrega del Premio Pyme 2023, Álvarez ha hecho hincapié en el nuevo desequilibrio que supondrán los acuerdos políticos a los que se está llegando con una parte del territorio nacional. El Periódico EXTREMADURA le entrevista para analizar los tiempos que vienen y cómo pueden afectar al tejido cacereño.

Los pactos con los independentistas para la investidura de Pedro Sánchez incluyen la condonación del 20% de la deuda que tiene Cataluña con el Estado: 15.000 millones de euros más 1.300 millones en intereses. Se abre además la puerta a una quita generalizada de la deuda con otras comunidades (Extremadura registra un total de 2.942 millones), lo que ascendería a unos 88.000 millones. ¿Aquí vuelven a obtener ventaja los que más debían? ¿Un desembolso semejante restará inversiones en los próximos años, como muchos auguran? Cáceres está necesitada de ellas por el retraso histórico en infraestructuras...

Realmente no se trata solo de la condonación de esa deuda de 15.000 millones, sino que además existen una serie de acuerdos, y otros más que irán surgiendo, para priorizar nuevas inversiones en Cataluña. Al final, si de la caja común de los españoles se prima a las regiones ricas, evidentemente ese dinero no se va a poder emplear en las regiones que más lo necesitamos. Extremadura, sin duda, será de las más afectadas cuando salgan adelante estos acuerdos en materia económica de favorecer a regiones como Cataluña o País Vasco, es decir, si se siguen priorizando las inversiones en ellas, porque de nuevo las comunidades que más precisan, que siempre han estado en segundo plano, se verán perjudicadas. De hecho, donde realmente se necesita esa sobreprima es en los territorios más pobres, precisamente para favorecer la política de cohesión y solidaridad entre regiones que establece nuestro sistema.

Parece que no hay manera de que exista realmente esa cohesión, más bien se abre la brecha…

Es que justamente nuestra situación de atraso en el desarrollo de Extremadura viene motivada por ese déficit histórico en inversiones en infraestructuras, que nos ha hecho pagar durante décadas un altísimo precio en términos de pérdida de competitividad de nuestro tejido productivo. No hemos podido competir a la altura de otras comunidades porque no teníamos los medios. Lo que necesitamos en un momento crítico como éste, es que aumenten las inversiones en Extremadura para ir equilibrando la situación de nuestras empresas, que podamos trabajar en igualdad de condiciones con el resto de las comunidades autónomas. Pero reitero, si dedicas el dinero de todos, ojo, el dinero de todo el país, a premiar a las regiones ricas, lo que estás haciendo claramente es perpetuar las desigualdades entre comunidades, unas desigualdades que ya existen y cada vez son mayores. Eso es un drama

En la entrega de los premios de la Cámara de Comercio de Cáceres, hace una semana, usted mismo recalcó esas necesidades que lastran el desarrollo… No parecen tantas comparadas con las exigencias de otros territorios.

Llevamos reivindicando infraestructuras cruciales desde hace ya muchas décadas. Sin una mejora de las conexiones, será difícil materializar proyectos duraderos de transformación industrial. La conectividad con Madrid, con el resto de España y en definitiva con Europa, causa ya cierta fatiga, pero no desfallecemos. Sobre todo, consideramos absolutamente necesario el tren de alta velocidad con Madrid, necesitamos que se haga cuanto antes, pero cada vez se aleja más en el tiempo. Si analizas la trayectoria del proyecto, cada vez parece tardar más. O la autovía de Cáceres a Badajoz, que tiene unos plazos previstos escandalosamente largos. O la EX–A1 hasta la frontera portuguesa, que ya urge. O la reapertura del tren Ruta de la Plata, que estamos ahora reivindicando mediante reuniones y una movilización en todo el Oeste de España. Sería un tren muy beneficioso porque conectaría todos los ramales ferroviarios Norte-Sur solo con un pequeño tramo de 90 kilómetros entre Plasencia y Salamanca. Es más, lo que estamos reivindicando da hasta un poco de vergüenza, porque pedimos que ese tramo de la Ruta de la Plata se adelante del año 2050, como está previsto, al 2040, ¡Faltan 17 años, a los que habría que sumar los retrasos que siempre acumulan estas obras! Hablamos de peticiones que son ya de pura justicia social.

¿Los empresarios cacereños trabajan con una mano atada?

En una provincia como la nuestra, las empresas son la columna vertebral que garantiza el bienestar general del conjunto de los ciudadanos. Y por ello es necesario facilitar su crecimiento, solventar esas carencias que las frenan para aportarles músculo y desarrollo empresarial. Además de unas comunicaciones de justicia, también necesitamos polígonos industriales de última generación, de gran capacidad, para que realmente se puedan instalar las empresas de cierta envergadura, con capacidad de generar un número significativo de empleos.

¿Qué camino hay que tomar?

España es un gran país, eso sin duda, pero en el tema de la cohesión territorial se ha perdido mucho durante los últimos veinte años porque cada vez hay más diferencias entre las regiones. Lo que se necesitan son justamente las políticas contrarias, intentar que el país crezca de una manera uniforme, políticas de cohesión, de solidaridad, para que las comunidades que están un poco más descolgadas alcancen los niveles de bienestar y desarrollo de la media española. Precisamente, eso supone lo opuesto a lo que representan estos pactos económicos que se han hecho en las últimas semanas para asegurar la investidura, porque significan perpetuar la España de regiones ricas y regiones pobres, a distintas velocidades, incluso ampliar esas desigualdades. El mayor problema es que no estamos hablando de territorios, sino de personas, y por tanto se fomentan los ciudadanos de primera y de segunda. A los extremeños desgraciadamente nos toca este último grupo.

Como empresario, sabe que en todas las naciones hay zonas más industrializadas que otras, por ubicación geográfica, por cuestiones históricas… Pero en otros países del entorno, salvo alguna excepción en decadencia, no ocurre que los más afortunados quieran romper el territorio y hacer cuenta aparte. El mundo acabaría siendo un tetris sin posibilidad de encaje…

Lo que está ocurriendo en España es un drama, pero se trata de un país con 500 años de historia, con mucha fortaleza y con unas instituciones sólidas. Lo importante es no debilitar esas instituciones porque ellas mantienen la unidad y la cohesión de España, por eso hay que protegerlas, del mismo modo que la Constitución, que nos ha permitido alcanzar los mayores niveles de bienestar, libertad y desarrollo de nuestra historia. De hecho, aunque Extremadura esté atrasada en muchos parámetros frente al resto de España, aunque esté desgraciadamente descolgada, también vivimos la mejor época. Hay por tanto que preservar todos los pilares que configuran nuestro sistema democrático, y que han actuado a través del diálogo. No hay duda de que estamos en un país diverso, debe respetarse, pero considero que los asuntos trascendentes que afectan al futuro han de hacerse con el esfuerzo de un consenso de grandes mayorías, como hubo en la transición. Y eso creo que se está perdiendo, que se está llegando a una polarización muy negativa desde el punto de vista social, de desarrollo económico y de progreso.

Todo ello ahora que llegan a la provincia de Cáceres una serie de proyectos de industrialización que requieren buenas comunicaciones e infraestructuras, para no seguir más descolgados aún…

A pesar de esas deficiencias que arrastramos, ahora sí estamos en un momento de oportunidad. Nunca hemos tenido tantos posibles proyectos capaces de generar un cambio de modelo productivo en nuestra economía, haciéndolo más industrial. Hablamos de la gigafactoría de Navalmoral, de la fábrica de semiconductores en Trujillo, del polígono CCGreen en Cáceres… Son iniciativas verdaderamente transformadoras, que pueden generar mucha riqueza en un territorio. Entre ellas, la industria del litio, y no es que yo sienta una afinidad especial, es que tenemos la gran suerte en la provincia de contar con una materia prima escasa. Debemos aprovechar nuestros recursos. Los proyectos industriales relacionados con la cadena del litio --la gigafactoría y los yacimientos de Cañaveral y Cáceres— pueden generar un polo industrial de desarrollo y atracción en torno a dicho mineral y al vehículo eléctrico en la provincia, incluso dar un paso más, como una fábrica de cátodos, etcétera… Estas son las oportunidades con capacidad de cambiar el futuro económico de un territorio. Por supuesto, siempre que cumplan con las condiciones medioambientales y legales. Y para que todo ello aguante en el tiempo, necesitamos dar ese salto en infraestructuras que ahora está pendiente, y que puede ponerse en peligro si se produce otro desequilibrio de fondos hacia una comunidad autónoma frente a otras.

Infraestructuras para lo nuevo… ¿Y para lo que ya tenemos?

Efectivamente, contamos con buenos sectores, incluso punteros, como el agroindustrial, muy potente, muy innovador, de gran capacidad de exportación, que además todavía puede seguir creciendo y generar riqueza. O el turístico, cada vez más pujante, con mayor peso en el PIB, pero todavía lejos de su potencial. Con lo cual podemos seguir creciendo por ahí. También el sector de las energías renovables, en el que somos líderes, aunque en la mayoría de los casos el valor añadido no se queda en la comunidad, y eso hay que reivindicarlo. Sí es cierto que esa nueva producción energética nos está dando la oportunidad de que las empresas que buscan estabilidad en el precio puedan instalarse en Cáceres. Ahora bien, para ello también necesitamos buenas infraestructuras, esos polígonos industriales de última generación que venimos reclamando.

¿Y por este camino podría revertirse la fuga de talento? 

Cáceres, hay que decirlo, posee ahora mucha capacidad de generar talento. Cada vez tenemos más gente joven bien preparada gracias a todos esos organismos e instituciones que están confluyendo en la ciudad: Escuela Politécnica, Centro de Cirugía de Mínima Invasión, Intromac, Centro Ibérico de Almacenamiento de Energías o Parque Científico y Tecnológico, donde hay ya 700 personas trabajando, la mayoría cualificadas, ingenieros bien formados. Se está configurando un sector tecnológico muy interesante y muy pujante en la provincia, y es uno de los polos por los que hay que apostar claramente para fijar talento y población. Hablamos de pilares claros de desarrollo y bienestar de la economía de Cáceres.

¿La despoblación es económicamente una amenaza seria?

Es el problema más grave que amenaza el porvenir de Extremadura, sobre todo de Cáceres. Es nuestro gran enemigo, porque si dejamos mucho tiempo que la despoblación avance sin revertirla, llegaremos a situaciones como las que vemos en otras provincias de España, desgraciadamente ya irrecuperables desde el punto de vista del desarrollo social y económico, y del bienestar. En Cáceres todavía tenemos mimbres positivos y herramientas para dar la vuelta a la situación, y además, como decimos, estamos en un momento de cambio y oportunidad. Lo que necesitamos es precisamente inversiones en infraestructuras y en conectividad. Hay que actuar ya y de forma contundente, antes de que sea demasiado tarde. Entre todos debemos hacer que la provincia funcione, que vaya cambiando para generar oportunidades, riqueza, puestos de trabajo... Tenemos unos objetivos claros, no solo el bienestar y el progreso económico, por supuesto, también revertir esa despoblación porque es vital hacerlo. Considero fundamental que se implemente una política fiscal diferenciada para que este territorio sea atractivo para empresas e inversores, y facilitar la instalación de pymes en el mundo rural.