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El Periódico Extremadura

TÉCNICAS REPRODUCTIVAS

Un mercado para «ajustar» la hora de la maternidad

Hasta un 5% de mujeres extremeñas tienen en mente congelar sus óvulos para poder ser madres en el futuro. Es una opción que, sin embargo, muestra las dificultades para conciliar y la desigualdad económica

Una técnica trabaja con ovocitos, en el Centro Extremeño de Reproducción Asistida de Badajoz. SANTIAGO GARCIA VILLEGAS

Mujer de unos 35 años que no tiene pareja ni previsión de tener hijos en este momento, mujeres cuyas madres o hermanas han tenido menopausia precoz y no se quieren arriesgar y otras que sufren endometriosis o alguna enfermedad autoinmune y temen perder su reserva ovárica. Ese es el perfil de quien recurre a congelar sus óvulos. En la región, hasta un 5% de ellas pretenden preservarlos, según datos del Instituto Extremeño de Reproducción Asistida (IERA). Una práctica cada vez más conocida y extendida pero que también genera controversias. Este periódico las desgrana.

La congelación de óvulos es una técnica que comienza con una estimulación del ovario para que crezcan el mayor número de folículos, que a su vez portan óvulos que luego se guardarán. «Normalmente la mujer en su periodo genera uno, con esta estimulación se impulsa a que genere cuantos más, mejor. El tratamiento se suele empezar estando la mujer con la regla, salvo que otros motivos lo impidan, y una vez hecha la estimulación a los 10 o 12 días se extraen con una punción. De ellos, se seleccionan los que están maduros y hasta que ella cumpla 50 años los puede mantener congelados», explica José Antonio Domínguez, ginecólogo en IERA. Describe que la mayoría de las mujeres que acuden a esta práctica están entre los 34 y los 40 años y reconoce que «no todo el mundo se lo puede permitir» pero aun así «aumenta paulatinamente» el número de mujeres que «vienen a preguntar e interesarse». El tratamiento, según su criterio, en principio, no tiene efectos secundarios graves «más allá de posibles cambios hormonales, pero como en el ciclo normal».

El testimonio

«No es un tratamiento inocuo», dice sin embargo la ginecóloga Miriam Al Adib Mendiri. La doctora señala: «Como cualquier proceso médico, puede tener unos efectos secundarios y no hace falta que lo diga yo, la ficha técnica es pública».   

En efecto, una de las consecuencias que se pueden dar con más frecuencia es el síndrome de hiperestimulación ovárica. Tal y como describe la Clínica Mayo: «Es una respuesta exagerada al exceso de hormonas. Generalmente ocurre en mujeres que reciben medicamentos hormonales inyectables para estimular la formación de óvulos en los ovarios. Hace que los ovarios se hinchen y se vuelvan dolorosos (…) Puede mejorar por sí solo en los casos leves, mientras que los casos graves pueden requerir hospitalización y tratamiento adicional».

En España se permite que las mujeres mantengan sus óvulos hasta que cumplen 50 años

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Varias operaciones necesitó María, una mujer que pasó por el proceso: «Si volviera atrás en el tiempo, no creo que lo hiciera». Es la conclusión de esta cacereña que hoy tiene 45 años y que comenzó su tratamiento para ser madre a los 38. «Es cierto que conozco casos en los que ha ido bien. La ciencia es maravillosa pero no siempre funciona». María tiene ovarios poliquísticos, un síndrome que puede contribuir a la infertilidad. «Mi pareja y yo recurrimos primero a la Seguridad Social para la reproducción asistida, estuvimos un año intentándolo de forma natural y como no se dio comenzamos el tratamiento», rememora. «Me sacaron 20 óvulos de los cuales seis, los más fuertes, llegaron al tercer día. Me los implantaron y ninguno agarró. A los tres meses me implantaron otro embrión y falló. Tuve que pasar por quirófano porque por la medicación se me complicó el proceso y me salieron nódulos en el útero que me tenían que retirar», explica. 

María cumplió 40 años y a partir de esa edad el sistema público deja de cubrir la reproducción asistida. «Te sientes como si tuvieras fecha de caducidad. Recurrimos entonces a la privada», dice. 

«Volvimos a la hiperestimulación, a un proceso de varios meses en el que salieron seis óvulos, tres congelados alcanzaron el tercer día y uno al sexto, pero no llegó», detalla. «Nos gastamos cerca de 12.000 euros, tuvimos que pedir un crédito, y para nada», apostilla.

Dinero

Además del coste físico, congelar óvulos tiene un precio: «Alrededor de 2.000 euros, más el coste de la medicación y después el coste de mantenimiento, que suele ser pequeño, de unos 150 euros», estima el doctor Domínguez. 

María, sin embargo, explica que el precio que ofrecen las clínicas suele ser inicial, pero luego cada circunstancia personal puede incrementar el coste: «Por tener 40 años me sumaron 2.000 euros, por tratar el embrión para que estuviera sano otro tanto, y vas sumando y sumando. Si mantienes tus óvulos congelados por un periodo de tiempo más largo son unos 2.000 euros al año», cuenta.

Un precio que no todo el mundo puede asumir. Y es ahí donde se abre la controversia, como suele ocurrir cada vez que el mercado mete mano. «Hay una desigualdad porque lo primero es que no todas las mujeres tienen la posibilidad de desembolsar ese dinero», expone Manuela Caballero, profesora de Sociología en la Universidad de Extremadura (UEx). «La investigación en España está muy avanzada, de hecho nuestro país es destino de turismo reproductivo, vienen mujeres de fuera a embarazarse aquí. Es un servicio que ofrece la ciencia y un mercado que mueve mucho dinero, pero no todas las mujeres pueden acceder a él», subraya. 

El coste es de 2.000 euros de base, a los que se van sumando cantidades según las circunstancias

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Esta socióloga explica que hay varias razones para el alza de esta técnica: «Primero, que la mujer y el sistema de valores está cambiando: va a retrasar su maternidad hasta que se sienta independiente, haya terminado sus estudios y tenga un trabajo estable. Si van a echarse toda la carga encima que supone tener un hijo esperan a tener una mejor posición», dice. «El periodo fértil desde el punto de vista biológico es el mismo pero el proceso social se ha retrasado y en lugar de tener un hijo a los 20 años lo vas a tener a los 45», afirma. «Así que si congelas tus óvulos sabes que tienes más opciones, una seguridad y ciertas garantías de que podrás ser madre más adelante, te quita en cierto modo la tensión de que ‘se te pase el arroz’», describe. De hecho, según los últimos datos publicados por el INE, el 10,7% de las madres españolas en 2021 tenían más de 40 años.

Caballero apunta también a las dificultades para compaginar maternidad y vida laboral: «Está la llamada conciliación, que al final parece que es una cosa solo de la madre. Por eso yo prefiero el concepto de corresponsabilidad, que la responsabilidad sea compartida en el caso de una pareja. Hay sociedades, como en China o Japón, donde ahora mismo por este motivo las mujeres se están negando a casarse y tener hijos, porque priorizan su estabilidad. Sociedades tan rígidas como la primera y tan conservadoras como la segunda», subraya.

Preguntada sobre si sería conveniente extender esta técnica, no se muestra contraria pero señala que «cuando el CIS pregunta, la mayoría querría tener más hijos de los que tiene pero no lo hace porque consideran que no cuentan con la seguridad ni pueden ofrecer tanta calidad como querrían en los cuidados, así que lo primero sería políticas para mejorar esto. Más que congelar óvulos, lo ideal sería que la gente pueda tener hijos a la edad biológica correspondiente», dice.

Tratamiento de un ovocito EFE

El contrapunto

Una mayor estabilidad laboral y más facilidades para las mujeres que deciden ser madres es algo que también se reclama desde el movimiento feminista. «España está a la cola de Europa en este sentido, tanto en el permiso de maternidad como en otras facilidades, por ejemplo para faltar al trabajo por enfermedad de tu hijo. ¿Qué pasa cuando tienes un niño que se pone malo cada dos por tres? La baja por maternidad no cubre ni la lactancia, que se recomienda tenga un mínimo de seis meses y hasta dos años si la mujer así lo desea. Por no hablar de la comparación entre otros recursos de los países del norte y las dificultades en el nuestro: en cuanto a acceso a guarderías públicas, en escuelas, en comedores…», dice Elena Rodríguez, miembro del Movimiento Abolicionista de Extremadura. «Las leyes que hay ahora mismo para favorecer la maternidad están obsoletas y están al servicio del típico modelo de familia: con padre y madre para que tengan muchos hijos. Se olvidan de las familias homo o monoparentales. Yo he formado una familia monoparental y jamás he tenido acceso a ningún tipo de ayuda o apoyo», lamenta. «Las mujeres que somos madres estamos haciendo un servicio al Estado, si no tuviéramos hijos, si no los cuidáramos, ¿qué pasaría con la sociedad? Se vendría abajo. Se tendrían que dar todas las facilidades para que las mujeres que quieran ser madres lo puedan ser», subraya.

Rodríguez se muestra crítica también con el mercado que se ha generado en torno a esta práctica: «Congelar óvulos para ser madres a los 45, a los 50 o no sé a qué edad pretenden que lo seamos no es la salida. No es una alternativa y solo favorece a la industria de la reproducción, a las biotecnológicas que también llevan la fecundación in vitro y la llamada gestación subrogada», señala. 

María reconoce que «todo el proceso, con varias operaciones» le ha dejado secuelas psicológicas. «He estado en terapia. Me quedé con un vacío muy grande porque lo intentamos hasta el final. Insisten y quizás en cierto punto deberían decirte ‘mira, no se puede’». La clínica le ofreció usar un óvulo congelado de otra mujer pero María se negó: «Bajo mi visión ahora entiendo que hay que poner un cierto límite a las cosas, sobre todo si por naturaleza no se dan. No se puede ser madre a toda costa. Entras en un círculo vicioso, en una carrera contrarreloj que te genera ansiedad», asegura. 

A pesar de ello, María se queda con la «ternura» y el apoyo de su pareja: «Tengo una sobrina adoptada, sé que hay más opciones. Pero me acabo de casar con mi chico y los dos solos también tenemos una familia bonita. No quiero renunciar a mi trabajo y a mi formación, ya lo hice durante el tiempo del proceso», narra.

Ella resalta que su historia es su «experiencia personal» pero que «cada caso es diferente»: «Vas con la culpa de que lo intentas y no puedes. Se pasa mal y es una herida que te queda ahí», admite. «Muchas mujeres recurren a estas técnicas pero aún hay tabúes, se hacen juicios sobre nosotras. por qué no hemos sido madres antes. Pero por otro lado no se pone nada fácil el conciliar», sentencia. 

El doctor Francisco García Malpartida SANTIAGO GARCIA VILLEGAS

Casos oncológicos

En la sanidad pública

Los casos oncológicos son los únicos en los que la sanidad extremeña cubre la congelación y almacenamiento de óvulos. 

El Centro Extremeño de Reproducción Humana Asistida, perteneciente al SES, ha realizado desde 2020 hasta hoy 19 procedimientos para congelar ovocitos: doce de pacientes del área de salud de Badajoz, dos de Cáceres, dos de Mérida, uno de Don Benito y dos de Llerena. La edad media de estas mujeres es de 27 años y once de ellas padecían cáncer de mama, seis linfoma de Hopkins, una un sarcoma y una leucemia. 

Francisco García Malpartida, ginecólogo y director del centro, explica que las mujeres susceptibles a contar con esa cobertura deben tener entre 18 y 40 años, un tumor curable y someterse a propuesta del oncólogo: «Se individualiza cada caso y se hace siempre y cuando sea posible y no se interponga en el tratamiento», explica. Este doctor no cree que sea necesario ampliar la cobertura para guardar óvulos a mujeres con otras enfermedades que puedan provocar mermas en su fertilidad, como por ejemplo la endometriosis: «Se les ofrece la reproducción asistida o a futuro tienen la opción de la donación –España es el primer país exportador de óvulos en el mundo—o la adopción. En cualquier caso lo mejor es tener hijos cuanto antes», defiende.

Una opción que quizás sea la deseable para muchas mujeres pero no la posible. Cada vez más barajada, pero no al alcance de todas. Congelar óvulos puede ser posible, paralizar el tiempo, no.

En cifras

25.000 millones de euros

Es la previsión de facturación que se espera que supere el negocio de la reproducción asistida a nivel global en 2026, según Allied Market Research

En España, el volumen de negocio de estos tratamientos en 2021 fue de 500 millones de euros, recoge el Informe Especial DBK sobre Centros de Reproducción Asistida. En el mismo, se estima en 660 millones de euros el valor de los tratamientos de reproducción asistida

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