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El blog del cronista

Abasto de la nieve

 

La provisión ineludible de víveres, de primera necesidad, para suministro a la población, se ha producido, históricamente, a través de los abastos. Si un concejo desarrollaba una buena política de abastos, era más difícil que las carencias de productos básicos, las hambrunas y sus graves consecuencias hicieran acto de presencia en épocas de sequía o malas cosechas. Para ello, el concejo, a través de la junta de abastos, vendía la exclusiva de comerciar un producto determinado a un individuo que era el autorizado de mercadearlo en la villa. El intervencionismo local llegaba a fijar la procedencia del producto y su precio de venta al público. Los principales abastos eran el del trigo y el de la carne, aunque no eran los únicos. Existieron otros como el del carbón, el aceite, el pescado, la lana, las colmenas, el vino, la cal o el mas curiosos de todos, en una ciudad como Cáceres, el abasto de la nieve.

POR MEDIO del abasto de la nieve se procuraba que desde principios de mayo hasta principios de octubre (del Corpus a San Francisco), los ciudadanos pudiesen disponer de nieve para poder refrigerar los alimentos y las bebidas. En la ciudad de Cáceres la nieve era obligado traerla de las sierras de Bejar o más frecuentemente del Piornal y que esta fuese "buena y limpia".

Llegaba a la ciudad por medio de arrieros, que la trasladaban para ser conservada en el pozo de la nieve, que se situaba en la salida hacía el Casar, cerca del Paseo Alto. El ayuntamiento establecía los precios de la nieve en función de sus costes. En 1692 se cobraban 16 maravedíes por libra de nieve helada que era vendida por el vecino de la localidad de Cañaveral Pedro Sánchez en una casa que el propio concejo ponía a disposición del denominado "obligado del abasto de la nieve", la persona encargada de su venta.

OTRAS VECES el abasto de la nieve es realizado por vecinos venidos de las montañas de Burgos o de Torrelavega en Cantabria. El abasto consistía en la exclusiva de vender tanto la nieve como las bebidas refrescantes.

La venta de la nieve tiene mucho que ver con los problemas alimenticios que sufrían los vecinos, especialmente en épocas de estío. Los alimentos no se podían conservar en condiciones de consumo, especialmente la leche, el pescado o la carne, que se dañaban con el calor, siendo una de las causas principales de mortalidad infantil, entre otras desdichas. Otro de los usos de la nieve era enfriar los licores y refrescos veraniegos como la limonada, la horchata, el agua de guindas, la aurora (leche de almendras y agua de canela), la mantecada o licores como el resolí o la mistela. Bebidas que, para ser tomadas en verano, necesitaban de la nieve venida de lejos.