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Tribuna abierta

Las esencias del liberalismo

 

MARCELINO CARDALLIAGUET Profesor
20/01/2018

Durante las últimas décadas del siglo XVIII, la ‘Ilustración’ francesa fue cuajando en escritos y ensayos políticos una nueva doctrina para la convivencia y el desarrollo social a la que llamó ‘Liberalismo’, en consonancia con la primera meta que aspiraba alcanzar en su lucha contra los abusos e injusticias de la vieja Monarquía: ‘Libertad’, ‘Igualdad’, ‘Fraternidad’, remarcando sus diferencias con el absolutismo monárquico, basado en los ‘estamentos’ de clase, en categorías personales urdidas sobre privilegios y en dogmas impuestos por la ‘Gracia de Dios’.

Nadie discutió entonces las excelencias del ‘liberalismo’ ni las virtudes de la ‘división de poderes’; mientras se mantuvieran en un caldo de cultivo basado en la solidaridad, en la igualdad y en la fraternidad, como se formuló al principio. Pero estas dos últimas aspiraciones se olvidaron pronto por parte de las castas poderosas, cuando comprobaron que el ‘individualismo’ sin cortapisas, el ‘libre mercado’ sin barreras y el Estado sin leyes ni normas, rendían mejores y mayores beneficios económicos que las atrasadas virtudes sociales que demandaban equidad, equivalencia entre unos individuos y otros, y justicia en tratos y contratos para distribuir bienes y ganancias entre todos los agentes de la producción.

¡Difícil tarea! Como decía la vieja canción mexicana; “Todos queremos más, y más y más; y mucho más”. Así que los poderosos, adinerados y latifundistas --que contaban con medios para hacer lo que ellos quisieran-- decidieron conformar Partidos Liberales para promulgar leyes que les favoreciesen. Partidos a los que ahora llamamos ‘conservadores’, ‘populares’ o ‘centristas’, para que derogasen aquellas leyes reguladoras de la producción y del consumo, suprimiesen toda la normativa estatal y dejasen a la economía funcionar de manera libre y ‘salvaje’: en la que los individuos más fuertes y poderosos, aquellos más decididos e inmorales de la ‘selva’ o del ‘mercado’, dominasen a los demás o los devorasen.

No contamos en esta breve Tribuna con espacio suficiente para desentrañar las ‘políticas neoliberales’ tan queridas por nuestros gobiernos y por las ‘tramas’ que los apoyan; por eso nos vamos a ceñir a una leve descripción de las medidas más recientes adoptadas por el Presidente Donald Trump, fiel seguidor del ‘neoliberalismo’ republicano de Ronald Reagan, al que en España se obedeció punto por punto en tiempos bien recientes, participando en guerras ‘inventadas’; privatizando empresas públicas que aspiraban a garantizar el ‘estado de bienestar’ de los menos favorecidos; apoyando con fondos estatales a empresas y bancos privados para su libre expansión en el ‘libre mercado’; aunque ello significara ‘recortar’ los presupuestos para atenciones sociales, para pagar las pensiones o para mejorar los sectores sanitarios, educativos y promocionales del resto de la población.

El liberalismo ‘ilustrado’ ha ido derivando en neoliberalismo ‘salvaje’ de la mano de economistas como Milton Friedmann o Friedrich Hayek, que exaltaron el individualismo frente al socialismo; la protección y compensación de capitales privados, frente a la estimulación y mejora del trabajo; la derogación de la legislación laboral para permitir la proliferación de empresas subcontratadas que pudiesen explotar el trabajo ‘precario’ y mal pagado de las clases obreras y la abolición de cualquier legislación de vigilancia y control empresarial para dejar espacio a un ‘mercado libre’ basado en los abusos y corrupciones de ‘emprendedores’ y ‘especuladores’ que se apropiasen de los escasos recursos que aún sostienen a las familias trabajadoras.

   
4 Comentarios
04

Por Sam McCloud 21:32 - 20.01.2018

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Magnífico y esclarecedor artículo, Marcelino, simple y sucinto, pero lo suficientemente agudo como para que incluso los más zotes se hayan revuelto en sus asientos por lo que les toca. Pobre argumentación y más pobre aún dialéctica cuando hay que recurrir a la difamación y al ataque personal a falta de razones.

03

Por PePe. 15:55 - 20.01.2018

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Es cierto y me lo decía mi abuelo la verdad hace daño y la mente y saber hacer del profesor Cardiaget le duele muy mucho y produce bilis a más de uno.

02

Por Viriato 9:42 - 20.01.2018

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!Anda ! ya no soy el único que siempre ha criticado a este Señor ya octogenario en sus infinitas tonterías. Y es extraño que hoy no haya escrito sobre la guerra civil. Este señor que fué PROFESOR como él se autodefine , de la asignatura de FORMACIÓN DEL ESPIRITU NACIONAL, para los muy jóvenes, ésta fué la asignatura que el régimen de franco incluyó como obligatoria en los planes de estudio y que es ,resumiendo, una alabanza del citado régimen. Bien pues éste octogenario que redacta esta pedorreta y demagogo artículo, IMPARTÍA clases de la citada asignatura. De modo que no venga dando clases de republicano y de comunista. Lo que no comprendo es como se le permite, con lo desfasado y anacrónico que está , escribir en la Tribuna del Periódico Extremadura.

01

Por tony manero 7:51 - 20.01.2018

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Se dice que una media verdad es peor que una mentira. Este artículo es el ejemplo más claro y partidista. A semejante tontería de artículo no merece la pena ni rebatirlo. No sabría ni por dónde empezar. Viva el socialismo y el comunismo. Se lo podemos preguntar a todos esos ciudadanos que lo sufren o lo han sufrido. Este profesor es un demagogo.