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INICIATIVA SOLIDARIA QUE HA PERMITIDO UTILIZAR EL COLEGIO UNIVERSITARIO DURANTE EL ESTADO DE ALARMA

Un hogar para los luchadores contra el covid

La puesta a disposición del Colegio Mayor San José de la Fundación Caja Extremadura al SES posibilita que nueve trabajadores sanitarios hayan tenido alojamiento. Encontraron una puerta abierta que le cerraron propietarios que rechazaron alquilarles una vivienda

 

Los tres trabajadores sanitarios que cuentan su historia en el colegio San José. - EL PERIÓDICO

SONIA COBO
29/06/2020

El pasado 3 de abril, la Fundación Caja Extremadura anunciaba la puesta a disposición del SES de la Junta de Extremadura sus instalaciones del Colegio Mayor Universitario San José de Cáceres y del Centro de Educación Ambiental El Salugral en Hervás. El ofrecimiento tuvo su respuesta por parte de la administración regional, albergando en el Colegio Mayor en Cáceres hasta un total de nueve trabajadores sanitarios entre celadores y auxiliares de enfermería llegados desde distintos puntos de la región y del sur de España.

En la actualidad aún permanecen en el colegio cuatro de ellos y algunos alargaran su estancia hasta la finalización de este mes. Ana, Javier e Isabel son tres de esos trabajadores sanitarios que han querido contarnos su experiencia profesional en esta lucha contra el covid y las ventajas que les han supuesto poder alojarse en las instalaciones de la Fundación Caja Extremadura.

Sorprende la juventud y las ganas que han demostrado los tres con su decisión de dejar atrás sus lugares de residencia (La Haba, Villanueva de la Serena y Guadalcanal -Sevilla-) y a sus familias con el solo objetivo de aportar su profesionalidad y entrega en la lucha contra el covid-19.

Javier Leo tiene 33 años y es celador. El pasado 24 de marzo se incorporó al equipo de trabajadores en el hospital Virgen de la Montaña y desde el 1 de junio trabaja en el Hospital Universitario de Cáceres. Nos relata que ha sido una experiencia dura, pero al mismo tiempo gratificante, «cuando ves que las personas salen adelante y se recuperan. Es una etapa de mi vida que no voy a olvidar entre otros motivos porque he estado rodeado de gente buena tanto en los hospitales como en el colegio mayor». La peor parte, señala Javier, es cuando «veíamos a las personas solas que no contaban con el apoyo familiar, me ponía en la piel de ellos y lo pasaba mal», explica.

No era la primera experiencia laboral para Leo ya que anteriormente nos cuenta que había trabajado en centros de salud de Miajadas, Losar de la Vera o Montijo. «Pero sí era mi primera vez en un hospital grande. Mi madre al principio estaba muy nerviosa pero ahora está orgullosa de mí. Mi hermana es enfermera y también ha estado luchando contra el virus. Ella ha entendido mi decisión de estar aquí». Se muestra muy agradecido al colegio mayor y a la Fundación por la acogida en sus instalaciones ya que al principio «nadie quería alquilarte un piso si les decías que ibas a trabajar en un hospital. Había mucho miedo. De esta convivencia me llevo grandes amigos», y finaliza diciendo: «No me lo pensaría. Volvería de nuevo».

Primera experiencia laboral
Ana Manchado es la más joven de todos. Tiene 18 años y es de Villanueva de la Serena. Se inscribió en la «bolsa de las 72 horas» como auxiliar de enfermería y no dudó ni un instante cuando la llamaron. «Elegí Cáceres por ser el hospital más grande de las ciudades que me ofrecieron ir junto a Navalmoral y Plasencia. El reto era mayor», nos explica. Para Ana ha sido su primera experiencia laboral y la primera vez que salía de su casa y se separaba de su familia. «Mi madre y mi abuela no querían que me viniese a trabajar a Cáceres, tenían mucho miedo».

Ana ha sido una de las muchas profesionales que han estado trabajando sin descanso en la Residencia Asistida de Cáceres, la más grande de la región. «Las primeras semanas fueron muy difíciles hasta que se logró controlar la situación». A pesar de la crudeza del trabajo Ana asegura con firmeza que volvería a hacerlo. «Yo veía en la tele que se necesitaba gente y me dije ¿por qué me voy a quedar yo en casa si he estudiado para esto?».

Asegura que sin la generosidad de instituciones como la Fundación Caja Extremadura con la puesta a disposición de su colegio mayor «hubiera sido imposible estar aquí en Cáceres, nos negaban el alquiler de los pisos al decirles que éramos sanitarios». Dice Ana que esta crisis le ha servido para darse cuenta de que no necesitas tantas cosas y que aprendes a valorar lo verdaderamente importante. Lo peor para ella es haber estado sin su familia y amigos, aunque asegura que de la convivencia en la San José se lleva nuevas amistades y «si algún día me necesitan ahí estaré».

Desde Guadalcanal
Isabel María García es la última de nuestras protagonistas. Tiene 29 años, es auxiliar de enfermería, de Guadalcanal (Sevilla), y madre de una pequeña que ha quedado al cuidado de su abuela. «Cuando me llamaron me lo pensé cinco minutos. Me vine para dos meses y me han renovado cuatro más», explica.
Isabel cuenta que ella no era «una novata», aunque «sí en el covid», asegura. Explica que ella, en el Hospital Virgen de la Montaña primero y hace algo más de tres semanas en el San Pedro de Alcántara, ha trabajado con mucha tensión emocional «no podías bajar la guardia. Había que seguir un protocolo muy estricto y se nos iba mucha energía en el turno. He tenido sensación de estar en guerra». Para ella lo mejor han sido sus compañeros y ver como salían adelante los enfermos; y lo peor, ver como se ha ido mucha gente.

Dice Isabel que si hubiera decidido no venir a Cáceres a luchar contra el covid «me hubiera arrepentido», al mismo tiempo que reconoce que si hay otro brote «no repito por motivos personales -refiriéndose a su hija-». Reconoce que ha sido duro y que no cualquiera ha dejado a su familia y su ciudad de origen y se ha venido hasta aquí. «Es nuestro trabajo, vocacional. Hemos venido de manera voluntaria», explica.
Para terminar Isabel pide un deseo: «si vuelve un brote espero que lo gestionen mejor”. Gracias a todos los trabajadores sanitarios por su esfuerzo, vocación y valentía. Desde aquí nuestra gratitud y nuestro particular homenaje.