Esa mañana, a primera hora, entré sonriente en la repleta sala de profesores, y tras corresponder afectuosamente a los saludos de mis compañeros y compañeras, hablé en voz alta, dirigiéndome a todos:

--"A ver, chicas, y chicos. Estoy haciendo un estudio, y quiero que me digáis quiénes de vosotros sois víctimas, o agresores, de malos tratos".

Todo quedó en pequeñas indignaciones, y bromas, más o menos pesadas, para acabar en un debate intelectual sobre la problemática de la violencia de género , y los matices que diferencian estos términos de la expresión malos tratos .

Más de treinta personas, y ni un caso de violencia de género, podría ser esa excepción estadística, que confirma la regla, si no fuera, por esos mensajes subliminares, esos rastros cotidianos en las miradas, esos gestos que gritan desde el silencio...

A los pocos días, y mientras hacía cola para ducharme en el vestuario de mujeres de la piscina climatizada, con abundante concurrencia de público, por cierto, al coincidir a esa hora grupos que acaban e inician sus actividades acuáticas, no pude resistir la tentación de repetir la experiencia, y pregunté, una vez más:

--A ver chicas, escuchadme un momento, por favor. Estoy haciendo un estudio, y necesito saber a quién de vosotras la trata mal su marido, o sus hijos. Necesitaría saber cuántas habéis sido, o sois, víctimas de malos tratos, simplemente.

XALGUNA SEx escandalizó, pero enseguida hubo quien empezó a contar el caso de una vecina suya, que la pobre , estaba hecha polvo con el continuo acoso del marido, del que tenía que esconderse hasta para hablar con ella, su único apoyo, y con la que se desahogaba contándole como éste la llamaba cada día con términos descalificativos como so puta , y según el ánimo, lo mismo la amenazaba con abrirla en canal , con un cuchillo jamonero, que le reventaba los oídos con voces insultantes, que se oían desde su vecina casa, o en el mejor de los casos, le pedía, con el único ánimo de humillarla, que, --y cito textualmente--, se la chupara .

Me resultó curioso, --sobre todo porque los números no me cuadran-- que con tantas mujeres consultadas, nuevamente todas decían recibir el respeto de sus parejas, y aunque, varias declaraban conocer algún caso de violencia doméstica, siempre era ajeno a sus personas.

Según M. Teresa Fernández de la Vega , "en España, hay dos millones de mujeres que sufren violencia de género" y han muerto 61 mujeres --cuando se publique este artículo serán ya más-- en lo que va de año, una más de las que fallecieron en todo el año pasado.

Según el último informe de la OMS sobre violencia, "una de cada cuatro mujeres será víctima de violencia sexual por parte de su pareja en el curso de su vida". Así no extraña que la mitad de las mujeres que mueren por homicidio sean asesinadas directamente por sus maridos o parejas actuales o anteriores, hasta el 70% en algunos países, según se recoge en dicho informe. Ni que decir tiene --y sigo con el informe-- que la mayoría de las víctimas de agresiones físicas se ven sometidas a múltiples actos de violencia durante largos periodos, y que en más de la mitad de estos casos se producen también abusos sexuales.

La Ley Integral Contra la Violencia de Género está ahí, pero ¿quién se atreve a presentarse como una mujer maltratada? No digamos ya, a denunciar... Porque, según de la Vega, el 70% de las víctimas mortales no habían denunciado, pero es que el 30% de las mujeres asesinadas sí lo habían hecho. Para una mujer que tiene la desgracia de que su compañero la maltrate, reconocer públicamente este hecho es convertirse en centro de miradas y comentarios; alguien a evitar, para algunos, y cuya relación implica complicaciones y riesgos, para otros. Y mucho menos fácil es para una víctima de malos tratos, machacada a base de meterle en el coco inseguridad, baja autoestima y, sobre todo, miedo, declarar delante de su agresor, y mirada con mirada, desoír sus repetidas amenazas para hacerlo contra él.

Así no llegamos a ninguna parte. No hay que esperar a que la víctima denuncie bajo el terror de las represalias. Las autoridades, los médicos, los psiquiatras, que atienden las lesiones físicas o psicosomáticas producida por esta violencia, deben actuar de oficio, y a la víctima jamás habría que enfrentarla a su agresor, puesto que su simple presencia supone la mayor coacción para ella.

Luego estamos los vecinos, los amigos, la familia... Pero nadie se atreve a meterse en la vida de la pareja, y cuando pasa lo que pasa todo el mundo dice: "Fíjate, yo sabía que tenían problemas, pero no me imaginaba tampoco esto. Con lo agradable que parecía este chico, y tan normal.. no me pega que le hiciera lo que le ha hecho a la pobre mujer... ¡Que canallada!, ¡no hay derecho!".

*Profesora de Secundaria