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SANIDAD

El 30% de los conductores consume habitualmente medicamentos

El 5% de los accidentes está provocado por los efectos secundarios de ciertos fármacos. Los antidepresivos y tranquilizantes provocan somnolencia y merman la capacidad de respuesta

 

Fotografía ganadora de la IV Edición de los Premios Fármacos y Conducción que organiza Faes Farma, en colaboración con la DGT. - JUANPE CAMARERO / FOTOGRAFÍA CEDIDA POR FAES FARMA

PATRICIA MARTÍN
26/05/2019

España es uno de los países con mayor consumo de antidepresivos y tranquilizantes. Nuestro estilo de vida, el envejecimiento, la crisis o la falta de otros recursos asistenciales provocan que en los botiquines de muchas casas sea frecuente encontrar Prozac, Valium u Orfidal. Un conjunto de fármacos que, en su mayoría, afecta a la capacidad de conducir y, pese a ello, muchas de las personas que los toman se ponen al volante, al ignorar que tiene efectos sobre su manera de responder a los estímulos en la carretera.

Ahí van algunos datos: el 5% de los accidentes están provocados directamente por la toma de medicamentos. El 30% de los conductores sigue un tratamiento farmacológico y, de ellos, más del 60% toma dos o más preparados simultáneamente. En este contexto, el 26,6% de los conductores fallecidos en el 2017 había consumido psicofármacos y el 41% de los peatones.

En total, el 25% de fármacos autorizados por la Agencia Española del Medicamento puede influir en la conducción y por eso llevan en el envase un pictograma con la advertencia. Entre ellos se encuentran los que afectan al sistema nervioso, bien porque lo relajan o bien porque lo activan, según explica el psicólogo y experto en seguridad vial Tomás Santa Cecilia. Dentro del primer grupo se encuentran los ansiolíticos, los antidepresivos, los somníferos y tranquilizantes, que provocan somnolencia y reacciones más lentas a los estímulos o afectan a la capacidad motora. “Cuando los consumimos, tardamos más en calcular la velocidad y las distancias”, explica el especialista. Asimismo, disminuyen la capacidad de concentración o atención y afectan a la visión. En este punto, cabe destacar que el 20% de los accidentes están provocados directamente porque el conductor se duerme al volante.

SOMNOLENCIA O NERVIOSISMO

Por otro lado, los medicamentos que activan el sistema nervioso, como los antigripales o los que contienen cafeína, provocan impaciencia, hiperactividad o nerviosismo. “Pueden provocar que no se respeten los límites de velocidad porque la prioridad de las personas que toman estos fármacos es llegar cuanto antes”, añade.

Asimismo los antihistamínicos que combaten las alergias provocan somnolencia y afectan a la capacidad de reacción, si bien estos efectos secundarios se han reducido en los llamados medicamentos segunda generación. Por último, algunos analgésicos, relajantes musculares, colirios, medicamentos contra la diabetes o el parkinson también están contraindicados al volante.

CAMPAÑAS INFORMATIVAS

En este panorama, uno de los grandes problemas es que muchas personas se automedican y no siguen, por tanto, los consejos de los especialistas, y algunos consumen los fármacos peligrosos junto con alcohol u otras drogas, lo que potencia sus efectos secundarios. Frente a ello, Santa Cecilia recomienda a los conductores que lean detenidamente los prospectos de los medicamentos y no conduzcan, en ningún caso, si avisan de que afectan gravemente a la conducción. Asimismo propone a la Dirección General de Tráfico y a las autoridades sanitarias que hagan campañas educativas porque “mucha gente desconoce los efectos en la conducción” y hace falta “mucha pedagogía”.

Se calcula que recibir información sobre los efectos de un determinado medicamento en la conducción reduce un 45% la tasa anual de accidentes por cada 1.000 pacientes. Por ello, la DGT ha firmado un convenio con el Colegio de Farmacéuticos, para llegar a los ciudadanos también a través de estos profesionales. Y es que los fármacos y la conducción es un problema que va a más porque en el 2030 se prevé que un tercio de los conductores sea mayor de 65 años y, por tanto, si nadie lo remedia, se multiplicará la cantidad de personas que, bajo los efectos perniciosos de los medicamentos, se ponen al volante.