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El Periódico Extremadura

Lara Garlito

Espejo convexo

Lara Garlito

El color blanco

Hablaba con una amiga por teléfono, hacía tiempo que no lo hacíamos, nos gusta enviarnos tantos WhatsApp que olvidamos lo que es una conversación de voz larga y pausada. Nos dieron las 21.00 horas e íbamos a colgar pero coincidió con las imágenes con las que abrían los informativos de la noche. Cuánto dolor en Ucrania. Eso me dijo, nada más, calladas colgamos sin más. Eran las imágenes de la masacre en la ciudad de Bucha, eran durísimas, fosas comunes, cadáveres en las calles y los testimonios de los civiles sobre matanzas indiscriminadas y violaciones. Nos quedamos calladas, el horror nos invadió. Supongo que ambas reflexionamos, que ambas sentimos la responsabilidad ética y moral de no permitir que esto suceda sin más, que la muerte de inocentes ante nuestros ojos quede impune. 

"Zelenski pidió ayuda, contó lo que está sucediendo con su gente; comparó Bucha con Guernika"

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Zelenski compareció en el Congreso de los Diputados, con arrojo y seriedad, pidió ayuda, contó lo que está sucediendo con su gente, en sus ciudades, comparó Bucha en abril de 2022 con Guernika en abril de 1937. La indiferencia al dolor, la neutralidad ya sabemos que corre a lomos de la barbarie. Josep Borrell decía esta semana que Ucrania necesita «más armas, menos aplausos y más armas». 

¿Hemos aprendido algo en todos estos años? ¿Acaso imaginábamos que esto volvería a suceder a las puertas de nuestras democracias? 

Europa está actuando. El blanqueamiento de lo injustificable no puede tolerarse. Escuchaba en un debate, «no se trata de que solo se arme un país, se trata de que se armen las democracias». Lamento no haber apuntado el nombre del periodista. Lanzó una pregunta: ¿Qué hubiese pasado con Le Pen en el Elíseo y Trump en la Casa Blanca?, yo añado para insistir, ¿la reacción sería la misma?

Orban, político ultraderechista, ha ganado las elecciones en Hungría, le han felicitado por ello Putin, Salvini, Le Pen y Vox. Orban no apoyará a la Unión Europea en las sanciones a Rusia en materia de energía y petróleo.

Y mientras esto sucedía, el Partido Popular firmaba un acuerdo de gobierno con Vox. En las primeras líneas ya se blanqueaba la violencia de género, se denominaba, violencia intrafamiliar. ¿Dónde quedan las asesinadas? ¿Dónde queda el respeto a las víctimas? ¿Dónde queda la protección? ¿Dónde queda la prevención de este terrorismo machista que nos asesina? ¿Dónde queda la aspiración de una sociedad donde nuestras niñas no tengan nunca miedo a sus futuras parejas? ¿Se puede blanquear todo? 

No, no se puede con todo. Recuerdo unas palabras pronunciadas por Pablo Casado: «Más allá de que sea ilegal, la cuestión es si es entendible que el 1 de abril de 2020, cuando morían en España 700 personas, se pueden contratar con tu hermano y recibir 300.000 euros por vender mascarillas». Ahora, además, sin juzgar en qué se gasta el dinero cada uno, si a sabiendas de lo que sucedía en el país, ¿Alguien podría vender entonces material sanitario defectuoso? ¿Actuar con usura ante una administración pública en una crisis sanitaria? ¿Uno se gastaría ese dinero obtenido en yates, relojes...? «Más allá de que sea ilegal...». Esto no se puede blanquear.

Cuando llegaba el verano, yo escuchaba la necesidad de blanquear las casas, era una señal y muestra de higiene en la casa, por supuesto, el resultado era la belleza de la pintura blanca recién pintada sobre las paredes. No se utilizaba pintar, se le denominaba blanquear. Yo me quedaré con esa imagen del blanco puro y limpio del hogar, de ese que hace que la pureza brille por el trabajo y del esfuerzo de la sencillez y dignidad de quienes levantan su casa. Son más, son la gran mayoría, los demás, esos pocos latosos son los que pretenden usurpar esas prácticas para ocultar su primigenio interés. 

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