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El Periódico Extremadura

Antonio Luis Cid de Rivera Silva

La trastienda

Antonio Cid de Rivera

Director de El Periódico Extremadura

Se busca médico

Sanidad lanza la voz de alarma, 40 plazas de MIR de Medicina de Familia quedan desiertas, no resultan atractivas para los alumnos

El planteamiento es lógico: si no hay suficientes médicos en atención primaria en Extremadura y, encima, con las jubilaciones que vienen la escasez de profesionales va a ir en aumento, lo mejor es sacar más plazas MIR de formación en Medicina Familiar y Comunitaria y así disponer de una ‘cantera’ con la que cubrir las vacantes que se generen en un futuro. El problema es cuando resulta que de las 98 plazas ofertadas, 40 se quedan desiertas. El castillo de naipes se cae desde la base y el cuento de la lechera acaba como cuando a la pastorcilla se le rompió el cántaro, sin médicos y sin leches.

La razón no es que se trate de Extremadura, una región que a priori pudiera resultar poco atractiva para los nuevos facultativos. Prueba de ello es que el fenómeno también se ha repetido en otras comunidades como La Rioja, Castilla y León, Cantabria o Cataluña, región ésta última que hasta ha ofrecido 9.000 euros de paga única a los nuevos residentes que decidan formarse allí. Además, las otras 125 plazas ofertadas en Extremadura, de hasta 48 especialidades hospitalarias diferentes, se han cubierto sin problemas. La causa principal es que se trata de la Atención Primaria, el primer eslabón de la sanidad pública, el sitio por el que entra el usuario en nuestro sistema público de salud, donde los nuevos médicos no se sienten suficientemente atraídos y prefieren hasta quedarse en casa un año y repetir el MIR antes que empecer a ejercer la profesión en un centro de salud.

¿Qué está pasando? Los colegios de médicos dicen que las razones fundamentales del problema son dos: los sueldos, que resultan los más bajos del país; y la calidad de la formación, de la cual se quejan continuamente los alumnos. Estos estamentos abogan por entablar un diálogo de verdad con los médicos en formación a fin de mejorar sus retribuciones económicas e implementar la figura del tutor que les permita una mejor preparación cara al futuro. No digo que no sea cierto, ellos mejor que nadie para saber lo que necesita su colectivo, pero no cabe duda de que algo tiene que ver la devaluación de la atención primaria, la catalogación negativa que ha ido adquiriendo poco a poco la medicina de familia como segundo escalón de la Sanidad cuando debiera ser todo lo contrario, el eje vertebrador del sistema.

Los Colegios de médicos dicen que las razones son dos: los sueldos y la calidad de la formación

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El consejero de Sanidad, José María Vergeles, dijo esta semana que no se deben tomar decisiones a la ligera cuando ya algunos abogan por incorporar a médicos residentes extracomunitarios. En su opinión, hay que hacer un ejercicio de reflexión de toda la sociedad porque esta situación «no sólo va de dinero, no sólo va de dispersión, no sólo va de calidad en la formación, va de creerse y hacer posible que la atención primaria ocupe el lugar que le corresponde». En su opinión, «nos hemos deslumbrado con la tecnología, nos hemos deslumbrado con el hospitalo-centrismo» y tras mostrar todos sus «respetos» para los hospitales y para la tecnología, consideró que el hecho de que no se cubran plazas MIR «es un signo de alarma» al que toda la sociedad debiera atender. Él mejor que nadie para saberlo porque el problemón que se nos viene encima es muy gordo. A la gente no se le puede devaluar la atención sanitaria y un pueblo sin medico está claro lo que supone: emigración y vaciamiento rural. Y hasta ahí no podemos llegar.

Algo tiene que ver la devaluación de la atención primaria, la catalogación negativa que ha adquirido poco a poco

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El sistema de formación de los médicos se ha convertido en algo perverso. Primero porque la exigencia a la hora de acceder a las facultades de Medicina (con muy pocas plazas) ha propiciado que sea una carrera extremadamente competitiva con un alumnado de 14 sobre 14; y segundo porque la formación tan cualificada de sus alumnos ha conseguido que, en su mayoría, aspiren a especialidades médicas que nada tienen que ver con el ejercicio de la medicina de siempre, la de los pueblos o la de los barrios donde el trato con los pacientes es casi tan importante como el tratamiento. Si a todo esto se le une una pandemia donde los centros de salud han sufrido más de lo debido y ha modificado el ejercicio propio de la profesión, unas agendas hasta arriba de pacientes y un público cada vez más exigente que, además, opina y discute con el facultativo porque previamente se ha informado de todo en internet, ¿quién va a tener ganas de elegir medicinas de familia como primera opción? 

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