El medievo llena de vida el casco viejo de Cáceres estos días. La cita medieval es desde hace 20 años una de las atracciones que amenizan la temporada de otoño en la capital. Y como toda fiesta que se precie no puede faltar la buena comida. No es raro encontrar una zona de puestos donde deleitarse con kebabs, salchipapas, bocadillos... como un noble caballero. Lo comprobamos en una bocatería ambientada en la época. Y eso que en la Edad Media no había restaurantes... «No los había en la forma como los conocemos ahora. Había tabernas, había sitios para alojar a viajeros, no se podía elegir platos de una carta. Nosotros venimos de Sevilla y vendemos panceta, morcilla, chorizos... Intentamos ofrecer un poco lo que podía ser el menú de aquel entonces. A todos los platos le ponemos pasión y cariño. Y es que al final, hay muchos sabores por los que nunca pasa el tiempo», cuenta Antonio Caño, responsable de uno de los 150 puestos de este mercado que, como todos, mira al cielo ante las previsiones de lluvia en la localidad.

Pero, ¿qué se comía entonces en la época medieval? Realmente la alimentación en esas fechas era muy diferente a la que estamos acostumbrados a día de hoy. De hecho, solo se hacían un par de comidas al día: un almuerzo y una merienda bastante ligera. Las cenas a altas horas de la noche no estaban del todo bien vistas ya que podían incitar a comportamientos indecentes. 

Pilar Romero posa con un sabroso pan. SILVIA SÁNCHEZ FERNÁNDEZ

El pan era uno de los grandes protagonistas de la alimentación medieval. Se estima que podía ser uno de los comestibles más comunes entre todas las clases sociales (alcanzaba el 70% de la ración alimentaria del día para un buen número de personas). «Los panes se elaboran a mano, con los reposos y las fermentaciones necesarias para conseguir un buen sabor y una presencia extraordinaria, sin perder la tradición de como se realizaban antiguamente. Destacan las hogazas preparadas con masa madre de trigo y la de centeno, pan gallego, de nueces y pasas, de maíz», explica la lucense Pilar Romero.

Las frutas, quesos y vegetales también tenían gran importancia en la dieta medieval. Coles, remolachas, cebollas, ajos y zanahorias eran materias primarias en cuanto a vegetales, mientras que las frutas más consumidas eran los limones, las naranjas amargas, los pomelos, el membrillo o las uvas.

La proteína animal se obtenía de especies como el cerdo. La ternera y el buey se consumían de forma residual, ya que estos animales eran más valiosos como bestias de trabajo. Las fieras salvajes procedentes de la caza también se utilizaban como fuente de proteína. Las aves y el pescado eran asimismo un rico manjar muy consumido por los habitantes de la época.

Javier Esteban enseña sus productos. SILVIA SÁNCHEZ FERNÁNDEZ

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«El queso es uno de los derivados lácteos más sabrosos y variados, y con una gran tradición en las culturas. Comercializamos quesos de oveja 100% artesanos y embutidos de caza», apunta el ciudadrealeño Javier Esteban.

A la hora de beber, el consumo de agua era poco frecuente ya que las condiciones higiénicas no permitían tomar agua de forma segura. Para acompañar a las comidas, se bebía cerveza, vino, hidromiel o sidra. Y en el mercado medieval, comer como se comía en la Edad Media ya es posible.