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El Periódico Extremadura

Efectos de un año hídrico muy seco

La sequía ya da su peor cara en los pueblos

El retorno de vecinos en el verano pone al límite unos sistemas de abastecimiento bajo mínimos por la falta de lluvias y obliga a muchas localidades a imponer restricciones de uso. Hay localidades con cortes puntuales de agua, recurriendo a cisternas para satisfacer el consumo humano o sancionando usos desorbitados o no esenciales

Río Los Ángeles, afluente del Alagón, muy mermado la semana pasada a su paso cerca de La Pesga. SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

«Damos casi por hecho que en un mes vamos a estar con cortes de agua», dice Lorenzo Molina, alcalde de Segura de León, uno de los pueblos de la Mancomunidad de Tentudía. Allí arrastran ya varios meses midiendo cada mililitro que se consume, han puesto en marcha medidas de ahorro y, los que pueden, están tirando de pozos existentes y otros nuevos para atender la demanda de agua de sus municipios. Es el caso de esta localidad. Pero todo tiene un límite y allí lo ven a la vuelta de la esquina con un embalse raquítico en el que la pérdida de agua se ha acelerado por un aumento de la población un 20% en estas fechas con el regreso en verano de muchos segureños. «Tenemos una situación muy, muy, muy complicada», reconoce al teléfono. 

Los embalses, pantanos, presas y riachuelos acusan ahora de forma más evidente un año hídrico seco en Extremadura, que ha dejado las precipitaciones muy por debajo de la media en los meses más lluviosos (de noviembre a marzo, los promedios se quedaron en el 12%). Además las temperaturas se dispararon ya en la primavera con un mes de mayo «extremadamente cálido» (se registró la primera ola de calor del año), según los datos de la Aemet; y un verano que solo ha dado alguna tregua puntual con las temperaturas: julio ha cerrado como un mes «extremadamente cálido» y también «muy seco». Con eso, la evaporación en las masas de agua no hace más que acentuar un déficit especialmente acusado en la provincia de Badajoz y que ha llevado ya a que Salud Pública extreme también la vigilancia en la calidad del agua.

El último boletín hídrico del Ministerio para la Transición Ecológica sitúa en un 40% el agua embalsada en toda España y en un 33% la que acumulan los embalses extremeños. En ambos casos se están alcanzando cifras «críticas», y que llevan a la preocupación porque hay embalses en una situación extrema y muy pocas certezas sobre si harán aparición las lluvias y cuándo. Muchos recuerdan ya el episodio de sequía de los años 90. 

Con los datos sobre la mesa, hay notables diferencias entre los valores de la cuenca del Guadiana y en la del Tajo y, a priori, en esta última la situación es de «normalidad». En el Tajo las reservas actuales se sitúan en el 43,6% y tiran al alza de la media regional; mientras que en el Guadiana se desploman ya hasta el 24,7%. En ambas el volumen está en todo caso por debajo de las cifras del año pasado (dos puntos en el Tajo y seis en el Guadiana) y mucho más si se abre la perspectiva a la última década: la diferencia en ese caso roza los 30 puntos en el caso del Guadiana y casi 20 en las reservas del Tajo.

Al margen de las cifras globales, en los embalses que dependen de las confederaciones hay también circunstancias muy variadas en función de sus usos, y en algunos presentan un escenario complejo. Por ejemplo, en la cuenca del Tajo, el embalse de Torrejón el Rubio que transcurre por los terrenos de Monfragüe se mantiene al 89% de su capacidad (el informe de esta semana de la Consejería de Transición Ecológica señala que «no se detectan valores anómalos que indiquen un empeoramiento en la calidad» en las masas de agua del parque nacional); mientras que el de Valdecañas está al 28%, con 406 hectómetros almacenados esta semana y una situación de prealerta para los regadíos del Alagón, que dependen de esta masa de agua. También están en esa situación los regadíos del Tajo Bajo, que dependen del embalse de Gabriel y Galán (al 24% de su capacidad con 419 hectómetros, menos de la mitad que el volumen de 2021 y que la media de la última década).

Desembalses

En Valdecañas el volumen acumulado ahora (406) está lejos también de los 506 hectómetros (36%) de media de los últimos diez años, pero en este caso se sitúa ocho puntos por encima del registro de la misma semana de 2021, cuando se llegó a mínimos por una falsa sequía a causa de los desembalases para producción eléctrica que dejaron a los vecinos de Belvís de Monroy, Almaraz y Saucedilla sin abastecimiento. La situación obligó a realizar actuaciones de emergencia para hacer llegar el agua a los pueblos, provocó un terremoto político y se cambió la Ley de Aguas para «garantizar la explotación racional» de los embalses en los que hay distintos usos, entre ellos el de generar electricidad.

La comisión de desembalses de cada cuenca fija desde entonces los límites de usos para todo el año y acaba de celebrar una sesión para planificar el curso hidrológico 2023, que afecta a los embalses de Valdecañas, Alcántara y Torrejón-Tajo. Allí se va a limitar la generación hidroeléctrica, elevando los niveles mínimos de explotación, a lo que se opuso Iberdrola.

Después de los problemas de 2021, la eléctrica ha vuelto a desembalsar este verano dentro de los topes que tiene autorizados; pero esta vez ha puesto en sobre aviso a los alcaldes. «Hace dos semanas Iberdrola nos comunicó de que iba a empezar a turbinar hasta alcanzar la cota 295 que tienen autorizada por el Ministerio para la Transición Ecológica», cuenta Marcos Pascasio, alcalde de Belvís de Monroy. 

El abastecimiento no está comprometido ahora porque ya tuvieron que prolongar dos metros el año pasado la toma de agua, pero otra cosa es la calidad. «Estamos recomendando a los vecinos que beban agua embotellada porque el bajo nivel que ya dejaron los desembalses y la falta de precipitaciones del último año no han ayudado. Aunque las depuradoras están funcionando las 24 horas y el agua pasa todos los protocolos de sanidad, huele mucho a cloro y está muy fuerte», reconoce.

Y al margen de los embalses que dependen de las confederaciones, las balsas, pantanos, riachuelos y pozos que muchas localidades usan para abastecerse en la provincia de Cáceres están bajo mínimos tras un año sin apenas lluvias, en un momento en el que tienen además que atender incrementos de demanda en sus localidades, que llegan a duplicar su población con la llegada de turistas y vecinos que emigraron. 

Cortes en Jerte

En Campillo de Deleitosa, Peraleda de San Román y la alquería hurdana de Robledo se mantienen las aportaciones de agua con camiones cisterna que iniciaron hace casi dos semanas, según confirma la Diputación de Cáceres. No se han recibido nuevas peticiones de momento, pero cuentan con que a lo largo del verano se sumará alguna otra localidad que ya tiene los primeros problemas de abastecimiento y deficiencias en la calidad.

También en Pasarón de la Vera el ayuntamiento ha recurrido esta semana a un camión cisterna para reforzar el abastecimiento y está realizando un estudio de fugas para optimizar los recursos disponibles. Llevan desde mediados de julio con cortes esporádicos de agua y desde hoy solo podrán usarla de 10.00 a 15.30 y de 20.00 a 23.30, según el último bando del consistorio.

En muchas otras zonas del norte cacereño preocupan los problemas de abastecimiento, empiezan a producirse cortes de agua o al menos restricciones a algunos usos no esenciales, junto a sanciones para los que más gasten de forma injustificada. En Cabezuela del Valle, la alcaldesa María Luisa Yusta había pedido esta semana a sus vecinos en un bando un «consumo responsable» y «evitar derroches»; y ha acabado imponiendo los primeros cortes de agua (para la madrugada de ayer sábado) «debido al mal uso que se está haciendo del agua de la red pública». Y no es un caso aislado.

Robledo recurre a camiones cisterna, Jerte prevé sanciones y Tentudía puede quedarse en 15 días sin agua

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Hace 15 días que han iniciado los cortes en Jerte. «Lo vamos llevando, no queda otra», dice la responsable de una tienda de alimentación allí. Se extienden de doce de la noche a siete de la mañana; aunque el incremento del consumo está provocando también dificultades para llenar los depósitos y han tenido que recurrir esta semana a cortes más severos de agua (el jueves de 16.00 a 20.00 horas) para permitir que se llenaran. Además el alcalde, Gabriel Iglesias, ha firmado un decreto en el que establece «medidas excepcionales» para garantizar el suministro en la localidad ante la confluencia de la sequía con el aluvión de visitantes en estas fechas (llegan a duplicar sus 1.260 habitantes). Entre las restricciones, se prohíbe el riego de jardines, puertas, huertos y fincas particulares; el lavado de vehículos; y también el llenado de piscinas, depósitos y bidones de gran capacidad. En general se restringen «todos los usos que impliquen no satisfacer necesidades básicas y despilfarro de agua»; y se ha procedido al cierre de contadores y salidas de agua potable en casco urbano y no urbano destinado a uso no humano. El incumplimiento de cualquiera de las medidas será considerada una infracción «muy grave» y podrá acarrear sanciones de hasta 3.000 euros.

También han tomado medidas ya en Serradilla, donde la presa municipal de la Charca Trasierra, de la que se abastecen, está al 30%. «Es una situación preocupante aunque aún no es crítica y es lo que tratamos de evitar», dice Francisco Sánchez, el alcalde de Serradilla. Pero las medidas urgen también antes de que llegue la época en la que la localidad pasa de 1.500 a unos 2.500 habitantes y se alcanzan los picos anuales de consumo. «Si seguimos consumiendo a un ritmo normal, sin tomar ninguna medida, no creo que lleguemos ni a pasar el mes de agosto», apunta el regidor.

De momento no hay cortes allí y las restricciones no afectan al consumo humano, sino a usos secundarios. Se ha prohibido el riego de fachadas y calles, el lavado de coches y «quien no haya llenado la piscina no podrá hacerlo si depende de la red municipal», subraya; pero sí se mantiene el riego de huertos, porque «no hay grandes explotaciones agrícolas, el que tiene un huerto es para autoconsumo y de primera necesidad», dice el alcalde sobre la excepción. Sí se recomienda, en todo caso, un uso responsable; y se han fijado incrementos en la factura para aquellos que rebasen sin justificación el límite de 40 metros cúbicos en los contadores de uso no doméstico. 

Un Guadiana «crítico»

La situación más acuciante de los embalses en Extremadura está en la cuenca del Guadiana, con las reservas al 24,7% de su capacidad, seis puntos por debajo de los datos de 2021 y a un abismo de las cifras de la última década: la media es del 56,4%, más del doble del registro actual. Esta semana el presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG), Samuel Moraleda, señalaba que la cuenca vive la situación «más crítica» en ese siglo.

El embalse de La Serena, el tercero más grande de Europa, está al 13,7% (casi un punto menos que en 2021); y el de Alange tiene un 15,5% (a cuatro puntos y medio del pasado verano). En la cuenca se han impuesto este año severas restricciones a los regadíos de Orellana que han limitado algunos cultivos (el tomate) y eliminado otros (el arroz); y además se han tomado medidas elevando los niveles mínimos de explotación para salvaguardar al máximo el abastecimiento humano. Pero ya hay pueblos ya con dificultades.

En Casas de Regina han comenzado a aplicar restricciones el 20 de julio, aunque desde principios de año ya se desconectaron del embalse de Los Molinos, del que dependen. El bajo nivel ha ido deteriorando la calidad del agua, que tiene altas concentraciones de manganeso; y han empezado a recurrir a pozos para abastecer la red general. Con otros están manteniendo, de momento, usos como el riego de jardines; pero el ayuntamiento ha iniciado ya limitaciones de consumo y sanciones para los que superen los límites establecidos (hasta seis hectómetros por persona y mes). «La gente ha recibido las medidas con preocupación por la situación, pero con mucha colaboración», subraya Agustín Castelló, alcalde de Casas de Reina. También hay preocupación en el consistorio.

La situación en Extremadura no es aislada. Los embalses están al 40% de su capacidad en España y el contexto es igualmente crítico porque la pérdida de las escasas reservas se está acelerando con el calor (la evaporación y el aumento del consumo) hasta registros que llegan a mínimos en el siglo XXI. Junto a Extremadura, otras regiones como Galicia, Cataluña o Andalucía están ya empezando a caminar por la senda de las restricciones. 

Y en la región hay zonas ya con un amplio recorrido este año en un escenario de escasez. En Tentudía (nueve pueblos y unos 20.000 habitantes), las primeras limitaciones llegaron el pasado mes de febrero. La situación ahora es crítica y los cortes de agua podrían ser generales allí en 15 días. La decisión de activar la siguiente fase del Plan de Emergencia por Sequía depende únicamente de que el embalse pase de los 0,8 hectómetros que acumula ahora a 0,7; un pírrico límite. 

«Estamos recurriendo para el abastecimiento del pueblo a un pozo que tiene buena producción; pero hay otros más pequeños para atender el ganado que se están resintiendo», reconoce Lorenzo Molina, alcalde de Segura de León. 

Hace meses que aplicaron limitaciones de tres horas de agua en las zonas de extrarradio y se desconectaron del embalse de Tentudía para no esquilmar más sus reservas. Desde entonces dependen de los pozos que tenían y otros cinco que les ha autorizado la CHG, de los que tres han entrado ya en funcionamiento. «Los pozos se han usado siempre en mayor o menor medida, pero ahora el pantano es un charco y dependemos de ellos en exclusiva», subraya el alcalde. Su mayor temor ahora es el impacto de las fiestas patronales de agosto y las capeas del Cristo de la Reja en septiembre, que atraen a muchos visitantes y disparan el consumo. «Damos por hecho que en septiembre estaremos con cortes de agua», asume. Por cuánto tiempo y hasta dónde llegarán esas limitaciones es la incógnita a despejar en los próximos meses; en Tentudía y mucho más allá. 

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