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El Periódico Extremadura

Pilar Galán Rodríguez

Jueves sociales

Pilar Galán Rodríguez

¿Mascarillas?

Hoy, aunque no es mi costumbre, voy a ejercer de agorera, a la manera de aquellos que se apostan a la puerta de los hospitales para preguntarte por el familiar ingresado y, una vez que contestas, con un hilo de voz en el cuerpo, suelen decirte: mi padre estaba así, y duró dos días. 

"Me pregunto a qué causas nobles o batallas perdidas dedicarán ahora los de la nariz por fuera

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Nunca he entendido si lo dicen para animar o para que te hundas definitivamente, gracias a su inestimable empujón hacia al abismo. No quiero sentirme así, pero ayer se eliminó la obligación de llevar mascarillas en interiores y a pesar de que me gustaría, no puedo unirme al jolgorio reinante. 

En realidad, para algunos, la prohibición nunca existió. Me pregunto a qué causas nobles o batallas perdidas dedicarán su energía ahora los de la nariz por fuera, la mascarilla en el codo, o los de puedo darte dos besos o eres de las raritas que aún siguen creyendo en el virus. 

Quizá gasten su entusiasmo en salvar a las focas, protestar contra la guerra de Ucrania o contestar a las personas como yo, que son muchas, y tienen que pelear cada día entre el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia, como nos dice Miguel Delibes, hijo. 

A lo mejor deciden ponérsela ahora, esta vez de verdad. Con los adalides negacionistas nunca se sabe. Sea como sea, ahora ya no tendrán problemas para caminar como si el mundo fuera suyo y no de los acobardados, pobres, incapaces de ver más allá de su tapabocas. 

Los demás haremos lo que podamos, según las circunstancias, o seguiremos las recomendaciones de llevarlas en algunos lugares, de seguir manteniendo distancias, de evitar zonas concurridas. Pero mucho me temo que serán pocos los que demuestren un mínimo de sentido común, y los demás se lanzarán sin reservas a una vida sin mascarillas, sin distancia y sin miedo. 

Y a mí me gustaría ser capaz de romper el bloqueo de estos dos años de pandemia, entrar en clase sin mascarilla y no asfixiarme por las escaleras, explicar en un tono normal y no a voces para que se enteren atrás, hacer deporte sin que cada salto del de al lado suponga un susto porque se acerca a tu zona. 

Me gustaría, sí, vencer este miedo y no ser agorera, pero escucho las noticias de China, otra vez, y del resto del mundo al que no llegan las vacunas gracias a nuestro egoísmo, miro más allá de mis narices y al menos, por un tiempo, aunque me pese, voy a llevarlas cubiertas. 

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