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El Periódico Extremadura

RECONOCIMIENTO MUNICIPAL

Una calle en Plasencia para 'la bollera'

Los bollos de patata que vendió durante años le dieron a Bernarda Martín Blanco el apodo por el que todos la conocen. Este domingo, a sus 95 años, recibirá del ayuntamiento el azulejo de la calle que le ha dedicado

Bernarda Martín, 'la bollera' de Plasencia, con trajes regionales que ha bordado. TONI GUDIEL

Decir en Plasencia la bollera es hablar de Bernarda Martín Blanco y sus bollos de patata. Varias generaciones de placentinos la han conocido vendiendo los bollos que hacía su madre Obdulia, de camino al Puerto, en la plaza Mayor o en el parque de La Isla. El alcalde considera que Bernarda es «un símbolo de esta ciudad» y por eso, el ayuntamiento le ha dedicado la calle Juan Vázquez, próxima a su vivienda. Este domingo, Fernando Pizarro le entregará un copia del azulejo que lucirá en la calle.

Bernarda Martín, bordadora y repostera, mujer emprendedora, símbolo de la tradición y la cultura popular de Plasencia. Este es el texto del azulejo, que Bernarda agradece. Cada domingo va a misa a la iglesia de San Nicolás y en esta ocasión, el homenaje será tras la eucaristía del Ramo de San Lázaro, en la ermita del mismo nombre, que comenzará a mediodía.

Se enmarca en las fiestas del Ramo, que la asociación de vecinos Río Jerte ha retomado y concluirá con el reparto de paellas y dulces típicos.

No habrá bollos de patata, que se siguen elaborando en la familia para mantener la tradición. Bernarda recuerda que comenzó a venderlos cuando tenía diez años: «Iba al puerto andando y los vendía a mitad de camino, los sé hacer, pero ya no los vendo», explica.

Tampoco puede mantener su gran afición, los bordados artesanales que decoran trajes regionales que todavía sigue utilizando en ocasiones especiales. Son obras de artesanía que hacía a máquina por las noches, cuando ya estaba en casa después de trabajar.

Trabajo y diversión

Porque si algo ha hecho Bernarda en su vida es trabajar. Nació el 16 de enero de 1927 en Cabezuela del Valle, pero a los cuatro años sus padres se trasladaron a Plasencia, a la calle Cartas, donde vivió toda su infancia. 

Era la cuarta de ocho hermanos, siete mujeres y un hombre y pudo ir al colegio, que estaba situado en la puerta Talavera, aunque solo hasta los diez años. Bernarda recuerda que iba a limpiar «a la plaza del mercado y a tres o cuatro casas». También ha recogido aceitunas. «Nos íbamos a Santa Bárbara a recogerlas, con pan y queso, iba y venía andando», explica.

Y a esto se sumó la venta de los famosos bollos de patata y, por la noche, a bordar. Recuerda que comenzó con 22 años, la misma edad con la que se casó por primera vez. Tuvo una hija, pero después se quedó viuda. Más tarde, se volvió a casar y tuvo otros cuatro hijos, aunque una murió siendo pequeña y se le empañan los ojos al recordarlo. Hoy día, tiene 9 nietos y 5 bisnietos.

«Yo he hecho de todo menos cosas malas. Me ha gustado trabajar muchísimo y divertirme también»

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A pesar de su edad, confiesa que conserva buena salud porque «solo me duelen un poco las piernas, de la cabecita estoy muy bien». Aún así, reconoce que sale poco a la calle, habitualmente los domingos y, cuanto se sienta en el Gredos a tomar algo, «si llevo puesto algo con bordados, la gente me reconoce y hablan conmigo, si no, no».

Le alegra que la mayoría de los placentinos la conozcan como la bollera porque vendiendo los bollos de patata «hablaba con todo el mundo y el que me parecía que no tenía perras, se lo daba». Además de este carácter generoso, destaca de sí misma: «Yo he hecho de todo menos cosas malas. Me ha gustado trabajar muchísimo y divertirme también». De hecho, llegó a ser un año la reina del Carnaval. 

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