SE CUMPLE UN MES DE LA ORDENACIÓN DE ERNESTO BROTÓNS

Obispo de Plasencia: «La mujer tiene que asumir puestos de responsabilidad en la Iglesia»

El prelado afirma que no se puede poner a la institución por encima de la persona. Apuesta por trabajar en red y cuidar la pastoral juvenil para lograr más vocaciones

El obispo de Plasencia, que apuesta porque la mujer ocupe puestos de responsabilidad.

El obispo de Plasencia, que apuesta porque la mujer ocupe puestos de responsabilidad. / TONI GUDIEL

Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Este martes, se cumple un mes desde que Ernesto Brotóns fuera ordenado obispo de la diócesis de Plasencia. Han sido unos días «muy intensos», en palabras del propio obispo, que considera que ya está «situado mínimamente» en la diócesis. Afirma que se ha sentido «desbordado por las muestras de cariño» y «no solo como en casa, sino en casa» y, como balance de este mes, utiliza una expresión que lleva a su origen zaragozano, «una gozadica».

Ernesto Brotóns procede de una «familia sencilla y trabajadora de barrio», a la que ha visitado durante este mes porque quienes le conocen saben que para él la familia es «muy importante». Empezó en una parroquia de barrio y en el mundo rural, al frente de nueve pueblos «en la España vaciada».

Después de 14 años como párroco en un barrio obrero y como profesor y director del centro de estudios teológicos y del Instituto de Ciencias Religiosas de Aragón ha llegado a Plasencia para afrontar un ministerio que fue «una sorpresa, ni me lo había imaginado ni lo había buscado».

Confiesa además que el cambio «ha sido todo un reto», por salir de su espacio de confort, la distancia con su familia y «la responsabilidad que supone».

En este tiempo, explica que su prioridad ha sido «conocer a la gente y la realidad de la diócesis, escuchar mucho y acercarme mucho a la gente». Así, ha tenido multitud de reuniones y encuentros y su balance es que se ha encontrado con «una iglesia viva y con ganas. La pandemia ha podido ralentizar el dinamismo de la vida pastoral, pero me he encontrado con muchos rostros y mucha gente entregada, gente sencilla que entrega su ilusión y su tiempo».

Lo primero, las personas

Ernesto Brotóns tiene claro que se está viviendo un «cambio de época» y la Iglesia tiene que llevar a cabo una «conversión pastoral y misionera» y, para ello, «hay que poner siempre en todo a las personas en el centro».

Considera que es una demanda de la sociedad y que no siempre se ha hecho así, por criterios económicos o ideologías. También reconoce que, en ocasiones, se ha puesto «la propia institución por encima de las personas y, cuando hacemos eso, estamos errando».

Por eso, aunque señala con humor que no tiene todas las respuestas porque, «si las tuviera, escribiría un libro y me haría famoso», opina que «no vale ya el siempre se ha hecho así» y advierte que no puede hacer esta tarea solo: «No soy un francotirador ni un paracaidista, hay que caminar juntos y crear cauces de comunicación, creyentes y no creyentes. Todo es debatible manteniendo el respeto a la persona», subraya.

Para ponerla en el centro, apuesta por «la acogida y la aceptación tal y como es» y también por «crear estructuras colegiales, aprender a trabajar en red y dejar las diferencias atrás».

Preguntado por su opinión sobre el papel que debe tener la mujer en la Iglesia en esta nueva sociedad, Brotóns recuerda que existe un techo, el del ministerio sacerdotal, que Juan Pablo II dejó cerrado con el planteamiento de que la Iglesia «no está autorizada a cambiar este aspecto de la tradición apostólica».

El papel de la mujer

Sin embargo, hace hincapié en que «la mujer, no solo tiene que participar en la Iglesia, sino que tiene que asumir puestos de responsabilidad y gobierno. No se puede pedir a alguien que sea parte de algo si no asume puestos de responsabilidad» y recuerda que, en la diócesis de Plasencia, la tercera en la jerarquía es una mujer, la canciller-secretaria general del Obispado, María Teresa Marcos.

«Quiero que se trabaje en esa línea», apunta. Pero además, en relación a la falta de vocaciones, señala que es necesario «potenciar y promocionar» el ministerio del diaconado permanente, que cuenta en la diócesis con dos diáconos, Javier Tovar y Óscar Salgado, casados y con hijos. «Que no se nos olvide que existe este ministerio».

«Vivimos un cambio de época y ya no nos vale el siempre se ha hecho así, hay que caminar juntos»

Y sobre la falta de seminaristas, considera que es fruto de «generaciones de jóvenes no socializados religiosamente, si falta una experiencia de fe en su entorno, cómo va a surgir una vocación». También cree que esto va unido a la menor presencia de jóvenes en las parroquias y a que muchos jóvenes se marchan a estudiar o buscar trabajo fuera de la diócesis. De ahí el «envejecimiento de la población y la despoblación».

En su opinión, la solución pasa por fomentar las comunidades parroquiales, «cuidar y mimar la pastoral juvenil» y por el «acompañamiento del adulto joven».

Todo sin dejar de hacer autocrítica y sin olvidar que, «a veces hay rupturas con la sociedad porque igual hay cosas que no estamos haciendo tan bien».

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