LA COMUNIDAD DE REGANTES LA CONCORDIA ALERTA DE LA SUCIEDAD Y EL ESTRECHAMIENTO DEL CAUCE AGUAS ABAJO DE LA PRESA

Miedo a la orilla del Guadiloba

Tras el último desembalse, los hortelanos muestran los daños y piden medidas: «aquí va a ocurrir una desgracia» 

En la orilla, Antonio Leal y Agustín Rebollo muestran la suciedad del cauce. Hace tres días, el agua había anegado unos sesenta metros de terreno.

En la orilla, Antonio Leal y Agustín Rebollo muestran la suciedad del cauce. Hace tres días, el agua había anegado unos sesenta metros de terreno. / JORGE VALIENTE

«Tenemos miedo, el problema es grave: se ha normalizado lo que no es normal. No puedes soltar el agua del embalse sin avisar, con un cauce completamente sucio y ahogado por las cañas. Tan pronto abren dos como tres compuertas, hasta que pase lo que pudo pasarme a mí». Lo cuenta Antonio Leal Salas, el hombre que en 2006 aguantó tres horas agarrado a una portilla cuando el Guadiloba abrió todas sus compuertas por un temporal. Los bomberos tuvieron difícil el rescate y fue directo a la ambulancia. Muchos de sus animales no lo contaron. Las inundaciones de las huertas de esta zona se suceden cada vez que desembalsa el pantano. No con aquella fuerza, pero sí con mucha…, «y lo peor, puede volver a ocurrir». El pasado viernes tuvieron otro susto.

Estas huertas se encuentran próximas a la depuradora de aguas residuales, a continuación del punto donde el Marco se une al Guadiloba en un mismo curso. «De los 20 metros que debería tener el cauce, le quedan 5. Las toallitas, los plásticos y la suciedad de las aguas se van quedando en las cañas, que aumentan y asfixian el río», detalla Agustín Rebollo, jurado de riego de la Comunidad de Regantes La Concordia, formada por un centenar de hortelanos.

Plano del lugar: el pantano, el río Guadiloba y su paso por la zona de huertas que se anegan en los desembalses.

Plano del lugar: el pantano, el río Guadiloba y su paso por la zona de huertas que se anegan en los desembalses. / EL PERIÓDICO

De ahí los problemas cuando se abre la presa del Guadiloba, ubicada 3'7 kilómetros más arriba. El agua desborda el cauce e inunda los campos. Ocurre desde hace años, pero no ha habido una intervención en décadas. Antonio Leal Salas, presidente de La Concordia, es uno de los afectados más directos. Ya ni siquiera aprovecha algunas tierras próximas a la orilla «porque el río Guadiloba se lleva todo por delante».

Así sube el agua

Antonio tiene perfectamente medido el efecto de los desembalses: «cuando abren dos compuertas del aliviadero, me entra el agua unos 60 metros por las huertas; con tres compuertas se pone en la puerta de la casa (a 120 metros del cauce); y con todo a la vez, aliviadero y presa, como ocurrió en 2006, me llega a la altura del primer piso». Aquel año se le ahogaron las ovejas y los corderos, los caballos se quedaron literalmente con el agua al cuello, las cochiqueras se redujeron a cimientos y las colmenas nunca se recuperaron. Se perdió el heno, las herramientas, los aparatos eléctricos...

Antonio Leal, agarrado a una portilla en las inundaciones de noviembre de 2006.

Antonio Leal, agarrado a una portilla en las inundaciones de noviembre de 2006. / EL PERIÓDICO

La última vez fue el pasado viernes. A las 4.00 de la mañana se abrió una compuerta, la segunda a las 5.30... «No nos avisaron», lamenta Antonio. De nuevo, la suciedad del cauce generó inundaciones. «Había abonado este campo con estiércol orgánico. El agua lo cubrió un metro. No queda nada».

 Pero hay un segundo problema que critican los hortelanos. «Los técnicos dicen que hasta que la presa no llega al nivel del 85%, no pueden desembalsar, y claro, el Guadiloba ya se sabe que sigue subiendo al 90% rápido en un temporal. Esto hace que deban ir abriendo compuertas muy seguidas, de golpe. No entendemos que tengan que apurar tanto, con las previsiones meteorológicas que existen hoy día. Puede haber una tromba inesperada, pero normalmente no ocurre así», argumenta Agustín. «No somos técnicos, pero esto no lo entiende nadie. Antes se mantenía media compuerta días y días para ir regulando la entrada y la salida del pantano sin sustos, ¿por qué ahora no se hace?», inquiere Antonio.

Los hortelanos reiteran a la Confederación Hidrográfica del Tajo y al Ayuntamiento de Cáceres la necesidad de limpiar un cauce «ciego, anegado por la suciedad». Llevan años pidiéndolo, «nos sentimos ninguneados y aburridos, pero no vamos a dejar de pelear por algo tan lógico». Una limpieza que además debería extenderse a todas las orillas del Marco, la vieja reivindicación de esta ciudad. También instan a las instituciones a organizar un sistema de avisos a ganaderos y hortelanos más efectivo, porque ahora no funciona.

La Concordia ya ha trasladado el problema al nuevo alcalde, Rafael Mateos. «Le hemos pedido que no nos mienta, que nos diga al menos la verdad, y nos ha respondido que en cuatro años no podrán llegar a toda la Ribera pero que empezarán por las partes más conflictivas, y la primera es ésta. Queremos confiar», señalan.

Los hortelanos también esperan una reunión con la consejera de Agricultura para presentarle un proyecto trazado por un ingeniero, que ya conoce la presidenta de la Junta, orientado a renovar el sistema de riego de la Ribera y evitar el rosario de fugas en unas tuberías tan viejas. «Es un bien para Cáceres, porque el Marco ha surtido de verduras a toda la ciudad, y sigue dando vida a las huertas más ecológicas. Debe recuperarse», insiste Antonio Leal.

En cambio, existe otro proyecto que les genera desconfianza: la nueva depuradora de la Ribera. «La actual recibe incluso el agua de lluvia que ha dejado de drenar el Calerizo, porque Cáceres ha crecido y esas zonas se han asfaltado. Y llega mezclada con las aguas negras, porque nadie se ha preocupado de separarlas», lamentan. «Además, con la obra, esa depuradora también absorberá las procedentes de las plantas de los Arenales y Aldea Moret. Nos tememos que al final ocurra lo que ya ocurre: cuando hay exceso por temporales, soltará el agua por la puerta y correrá hasta el Marco», auguran Antonio y Agustín, que piden conocer el proyecto, aún sin explicar a los regantes.