Extremadura se afianza en el exterior. Periódicos como The Guardian, The Atlantic o The Times han glosado la belleza de la región, las tradiciones, la gastronomía, la naturaleza y el patrimonio extremeño en sus páginas. Este fin de semana le ha tomado el relevo al Financial Times.

Este periódico británico le ha dedicado este sábado una página a Extremadura de la mano del escritor y periodista Paul Richardson, que vive con su marido desde hace 25 años en Hoyos. En el reportaje My downshift to deepest Spain (algo así como Mi desaceleración en la España interior), Richardson rememora cómo topó con Extremadura: "La fuerte lluvia caía cuando cruzamos la frontera portuguesa por una carretera secundaria con solo una cabaña sin techo, que alguna vez fue el puesto de aduanas, para indicar un cambio de países. Nos habíamos topado con Extremadura, la región sin salida al mar que se extiende a lo largo del flanco occidental de España, por la puerta de atrás".

El Tajo a su paso por el Parque Nacional de Monfragüe. EL PERIÓDICO

Reconoce que, inmediatamente, la cautivó lo que vio: "Bosque ondulado de encinas conocido colectivamente como dehesa, carecía notablemente de tráfico, edificios feos y modernos o presencia humana molesta. Como iba a descubrir, Extremadura ocupa un área del tamaño de Suiza, pero sus dos provincias, Badajoz y Cáceres, tienen una de las densidades de población más bajas de España". Así trasladó su residencia de Ibiza, a donde llegó en 1989 tras abandonar Londres, a Extremadura: "Desde el principio entendí que Extremadura podría no ser el lugar más fácil para vivir. Para una pareja del mismo sexo sin conexión previa con el área, el proceso de integración en esta comunidad agrícola ruda y tumultuosa fue ocasionalmente tenso. En los primeros días, soportábamos grafitis homofóbicos —gays out (gays fuera) estaba garabateado en el coche— y miradas curiosas o burlonas".

Ventajas y desventajas

El escritor británico es consciente de las desventajas de Extremadura y menciona como grandes problemas las comunicaciones, el desempleo, la despoblación, que califica de crónica, o los incendios forestales. Sin embargo y a pesar de estos y otros inconvenientes, Paul Ricardson destaca las ciudades históricas ("sinfonías monumentales en piedra"), las fiestas tradicionales ("emocionalmente arcaícas"), los Zurbares de Guadalupe, el Festival de Teatro de Mérida, el Museo Helga de Alvear... "ha resultado ser un buen lugar para que nuestro proyecto de regreso a la tierra crezca y prospere".

Plaza de Santa María en Cáceres. EL PERIÓDICO

Tras 25 años, su balance de vida se resume en una palabra: excelencia

Ahora, reconoce que Extremadura es sinónimo de atractivo turístico, de aventura, de descubrimiento. Reseña la diversidad de la región tanto en su clima como en su paisaje y en su cultura; la disparidad entre el norte y el sur. Y enumera como ejemplo de un polo y otro a Jerez de los Caballeros y Zafra, y a Las Hurdes y La Vera. "Porque más que cultura, lo que ofrece Extremadura es belleza natural y biodiversidad a raudales". "He notado entre mis vecinos extremeños una especie de asombrado orgullo de que los extranjeros paguen un buen dinero para contemplar algo que antes tenía poco valor para ellos: los bosques y las aguas de la región, sus picos y tierras bajas, un tercio de los cuales son ahora protegido por la legislación española o europea".

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En este sentido, menciona el turismo ornitológico, que lo centra en el Parque Nacional de Monfragüe, al que acuden desde el Reino Unido, Holanda y Alemania: "El senderismo y otras vacaciones basadas en la aventura están despegando rápidamente. El turismo discreto y de altos ingresos finalmente está dejando su huella, atraído por las ventajas naturales de una región que ha sido ignorada tanto por el auge de la construcción de la década de 1990 como por el auge del turismo masivo de principios del siglo XXI".