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MIGRACIONES CLIMÁTICAS: LOS INCENDIOS DE 2015 EN LA SIERRA DE GATA

Luchar o emigrar: los supervivientes de la Sierra de Gata

Los incendios en Sierra de Gata de 2015 coincidieron con la ola de calor más extensa en España desde que hay registro. El Periódico Extremadura y Euronews se fijan en la comarca como potencial primer paradigma de las migraciones climáticas en Europa.

 

MARIAN ROSADO / MARTA RODRÍGUEZ
31/05/2020

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La Sierra de Gata ayer y hoy.

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Se va. Emigra hacia el norte. A Suiza. Allí cree que puede encontrar un futuro mejor para él, su mujer y su hija. Álvaro García Río-Miranda define su oficio de cabrero como «cabezonería pura». Y ahora este joven ha decidido irse para poder seguir ejerciéndolo. Él ya ha trabajado en el campo en Suiza y en otros países como Francia y asegura que, aunque la situación del sector agrario en estos países también es difícil, «se nota la diferencia» en el trato con respecto a España: «Allí se valora el campo y el trabajo de un pastor se valora, no es el ‘pobrecito’», cuenta.

«Yo pienso que el hecho de yo tener que salir fuera a ganarme la vida, de migrar, claro que tiene relación con el cambio climático. Son muchos factores los que se juntan pero uno gordo es cómo está evolucionando la situación”, expone este joven natural de Miajadas.

Álvaro, con su rebaño de cabras / EL PERIÓDICO

Álvaro quería construir su vida en la Sierra de Gata pero finalmente ha decidido tomar otro camino. Y no tiene dudas: los incendios de 2015 marcaron un punto de inflexión en su profesión y en su vida.

«Yo en el verano aquí lo paso fatal. Es que es paranoia. Un olor, un vistazo rápido a la cumbre que hay veces que hay una nube y dices ‘¡hostia humo, no!’», rememora mientras pastorea a sus cabras en la localidad de Descargamaría, municipio de la zona norte de la Sierra de Gata y uno de los más apartados de la comarca junto a Robledillo de Gata, donde Álvaro vive hasta que consume su nueva mudanza.

A esta zona vino tras el verano de 2015, uno de los más duros de su vida. Apenas había comenzado a despegar como pastor de cabras, una profesión que eligió por total vocación: «Yo soy de Miajadas y nadie de mi familia es del campo», rememora. Álvaro se mudó a la comarca en 2014 y en 2015 ya cuidaba de su propio rebaño en Acebo: «Era un negocio que acababa de echar a rodar. Fue cuando arranqué y era cuando ya empezaba a ver la luz, empezaba a funcionar», rememora de aquel verano en el que se prendió la mecha que daría un revés a su sueño. «Aquel primer día (del fuego) fue un poco como de incredulidad, como que no era consciente de lo que iba a desembocar de aquello. Pero claro luego ves que crece y crece y te vuelves loco», cuenta. Habla del 6 de agosto de 2015, fecha en la que prendió uno de los incendios más virulentos que se recuerdan en la Sierra de Gata, una comarca demasiado acostumbrada a los fuegos (se registran 100 de media cada verano) pero que en ese caso vio cómo las llamas amenazaban directamente a la vida de sus vecinos. Tal es así que se movilizaron más de 1.500 personas y 300 medios de extinción, el mayor despliegue en la historia de la región, según datos aportados entonces por la consejera de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio de la Junta de Extremadura, Begoña García Bernal. Desde aquel 6 de agosto hasta el 4 de septiembre, fecha en la que el fuego se dio por extinguido oficialmente, se quemaron 8.237 hectáreas, el 6% del territorio de la comarca. Los municipios más afectados fueron Acebo, Hoyos y Perales del Puerto, localidades de las que se desalojaron alrededor de 2.000 vecinos de manera preventiva.

 El territorio calcinado, en agosto de 2015 / EFE

Pastores y cabras, guardianes del fuego

A Acebo es donde Álvaro solo ha tenido fuerzas para volver una vez, tras aquel fatídico verano. «Por mucho que lo veas en la tele, hasta que no te pasa, hasta que no lo vives, no eres consciente de cómo va devastando por segundos», afirma. Él, como muchos otros pastores de la zona, tuvo que correr en busca de sus animales para tratar de salvarlos: «Fui a bajar las cabras de la sierra, porque como era verano estaban arriba, y me fui a buscarlas, a bajarlas como fuera», rememora. Al menos tres de ellas, las más ancianas, se perdieron y del resto casi la mitad fueron muriendo durante los siguientes meses por el trauma de las llamas. «Tenía unas 110-120 y se me murieron, al mes siguiente o mes y medio, unas cuarenta o cuarenta y tantas, y bueno yo lo achaco al estrés», rememora.

Parecida situación vivieron Jesús Ribero y Nati Alviz, un matrimonio y pareja de pastores de Acebo: «¿El día del incendio? Pues fatal. Pasarlo fatal. ¿Qué quieres que te diga? Muy mal», recuerda Jesús. «Hubo otro incendio en 2003 que fue bastante grande, pero no tanto como el de 2015, que rodeó todo el pueblo. Y era tan peligroso porque, aparte de que había mucho fuego, había muchísimo humo, caían cenizas. De noche parecía aquello el infierno vamos», rememora Nati.

Al igual que Álvaro, ambos se lanzaron a salvar a su ganado mientras el pueblo estaba siendo evacuado y los animales sufrieron las consecuencias del fuego: «Nuestras cabras quedaron afectadas por el estrés de subirlas corriendo en una noche oscura, con humo, con fuego, con nosotros mismos alterados y eso afectó mucho a las cabras. Después estaban como depresivas y muchas de ellas que estaban preñadas pues abortaron», explica Nati. Pero ellos son la otra cara de la moneda. A pesar, del trauma y las pérdidas por el fuego, han logrado remontar: hoy cuentan con un rebaño con el que producen leche para una cooperativa de Talavera de la Reina, Uniproca. «Nuestra leche se exporta a China para comercializar como leche en polvo para niños», cuenta orgullosa Nati.

Nati Alviz, con su rebaño de cabras mientras pastan / EL PERIÓDICO

El pastoreo, además de un medio de vida para las familias en el entorno rural, se ha convertido en una de las más eficaces herramientas para mantener el bosque limpio y evitar la rápida extensión de los fuegos.

«Falta limpieza, faltan animales, falta gente que se implique en el campo», afirma Nati. Confirma la denuncia que también hace Álvaro: «Le llaman gestión pero es abandono. Ahora han limpiado los cortafuegos, pero el problema no está en los cortafuegos, que está muy bien, el problema está en la mancha del monte. Ahí es donde hay que actuar».

Jesús es más tajante: «Esto lleva una marcha mucho peor de la que había antes. Te quiero decir que en el momento que aquí no se empiece a desbordar, no se empiece a trabajar estas tierras y no se empiece a hacer algo lleva la misma marcha para pasar lo mismo que pasó. Porque claro, aquí no se limpia, no se hace nada, no quieren que haya ganado, no quieren que haya nada, pues al final esto termina otra vez como estaba. Y volverá a pasar lo que pasó», dice.

Cambio climático y España vaciada

Se da la circunstancia de que el incendio de 2015 coincidió con la ola de calor más extensa en España desde que se tiene registro. En ese momento además Hoyos era el municipio extremeño en el que hacía más tiempo que no se registraban precipitaciones: 49 días.

España vaciada y crisis climática son dos de los conceptos más en boga de la actual agenda política y social. Pero, ¿qué ocurre si dos de los grandes retos del presente se combinan? «Lo que dicen los expertos sobre el cambio climático es que estos fenómenos van a ser cada vez más frecuentes y cada vez más intensos. Nosotros lo corroboramos con la observación en Extremadura, que las temperaturas que estamos teniendo han sido el año pasado, sin ir más lejos, de 45º en Badajoz, de 45,1º en Navalmoral de la Mata, temperaturas desde luego no habituales, nunca registradas en la región», explica Marcelino Núñez, delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la región.

Tal y como detalla este experto, ese verano de 2015 se cumplió un fenómeno que irá en aumento en los próximos años: unas olas de calor más prolongadas en el tiempo que llevan al territorio a soportar condiciones más extremas. «(La de 2015) fue la ola de calor más importante registrada en la Península Ibérica. Duró 26 días y, por ponerte una referencia, lo habitual es que duren una semana, 8 días, 10 días como mucho», dice Núñez. «Una ola de calor no muy intensa pero sí muy prolongada en el tiempo, casi prácticamente de un mes sin descanso, lo que hace es que el estrés de la masa forestal sea grande, que cualquier cosa prenda y sea casi imposible apagarse si sopla el viento», añade.Con lo cual, a olas de calor cada vez más prolongadas, más riesgo de incendios virulentos y más peligros para las zonas rurales.

«Coincidió que fue mucha temperatura, mucho viento y todos esos factores ayudaron a que, aparte de que el campo estaba muy sucio, muy sucio, ayudaron a que el fuego se propagase con esa intensidad», recuerda Nati. A día de hoy, «la temperatura se nota, en verano la temperatura se nota muchísimo, también llueve un poco menos», cuenta. «El río, de Descargamaría a río abajo, seco, el río enterrado. Nunca jamás había visto yo eso, ni mucha gente, porque yo no llevo tanto tiempo aquí. Nos hemos tenido que ir arriba a las cumbres, en busca de algo más de fresco (para las cabras)», señala Álvaro.

La masa forestal

Al incremento medio de las temperaturas y la reducción de las precipitaciones se suma otro factor en el que ha intervenido directamente la mano humana: el monocultivo y las grandes extensiones de pino. «En todas las zonas donde hay abandono rural, y ese abandono rural genera el crecimiento incontrolado de masas forestales, habrá incendios, habrá siempre y de hecho tenderá a haber más a medida que el escenario climático propicie más incendios», explica Fernando Pulido. Este profesor de la Universidad de Extremadura está al frente del Proyecto Mosaico, una iniciativa pionera para retener población en el medio rural cuidando además del medio ambiente: «Nosotros lo que planteamos era atacar los incendios desde la raíz del problema. Si los incendios se producen por despoblación o por falta de actividad en el monte, pues generemos actividad en el monte. Eso retendrá a la población rural y hará que las masas forestales no sean tan extensas», afirma.

Surgido a raíz de los incendios de 2015, desde Mosaico se promueve el cultivo de especies autóctonas, para sustituir progresivamente a los pinos, evitar los monocultivos y atraer a personas que quieran vivir en la comarca para que puedan tener un medio de vida, ofreciéndoles guía y orientación. Paralelamente a Mosaico, han surgido otras iniciativas en la comarca, como por ejemplo ‘Reforest-Acción’, con la que voluntarios de todo el mundo reforestan el bosque.

Voluntarios de 'Reforest-Acción' plantan árboles / EL PERIÓDICO

La economía que mana del campo

Con el Proyecto Mosaico trabajan, además de oriundos de la comarca como Nati y Jesús, otros nuevos vecinos como Vanesa Caro y Jill Barrett.

Caro, cacereña de nacimiento y que elabora y vende sus propios cosméticos ecológicos bajo la marca Naianais desde Acebo, aún no puede evitar emocionarse al recordar aquella noche en la que se inició el fuego: «No es sorpresa que haya incendios aquí en la Sierra de Gata o en Las Hurdes. Además con un bosque que no es autóctono mayoritariamente. Pero es que al llegar aquella noche a la ‘fatela’ aquello era un espectáculo, es que era increíble», rememora. «Y ya no es solo el incendio, el dolor viene cuando está la tala, porque todavía cuando hay un incendio ves árboles en el campo pero cuando viene la tala, cuando todo el territorio lo cortan, ahí sí que viene el gran golpe o sea de ver el desierto», añade.

Pero para Vanesa el incendio también supuso un impulso, tanto para comprobar la solidaridad del pueblo como para decidirse a registar Naianais como marca: «Creo que con mi labor puedo ofrecer respuestas a la sociedad y al medioambiente», explica para defender una economía sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Ahora bien, también denuncia: «lo que percibo como mujer, como persona, como madre y como empresaria en el mundo rural es una sensación de vacío. Es una sensación de ‘si se están tomando iniciativas ¿dónde están?’». En esa crítica coincide con Jill Barrett, una ciudadana inglesa que está al frente de la quesería ecológica La Frondonsa, en Villasbuena de Gata: «Yo creo que hay muchos programas que hacen políticamente para la fachada o el escaparate. En la política hay muchas ayudas, muchas cosas, pero realmente no es así», cuenta Jill. Lo dice por experiencia, ya que abrir su negocio le ha costado años, papeleos y muchos viajes de una oficina a otra hasta conseguir todos los permisos necesarios.

Ambas coinciden en un denominador común entre los vecinos de la comarca: más que pedir ayudas, reclaman que no se pongan trabas a las nuevas iniciativas que vengan. Iniciativas que sirven tanto para luchar contra la España vaciada como contra el cambio climático: «Si queremos subsistir en el tiempo debemos elegir un tipo de negocio que esté basado en un modelo medioambiental y social. Pero que no sólo sea un eslogan porque las futuras generaciones nos vienen dando miles de vueltas y la Tierra al final es mucho más poderosa y tiene sus propias leyes y su propia normativa», advierte Vanesa.

Este artículo se ha realizado en colaboración con

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2 Comentarios
02

Por superjar 14:01 - 31.05.2020

Alineamiento perfecto entre políticos reparte peonadas y ecologistas

01

Por Marcelo1980 10:03 - 31.05.2020

Así es. Hay algunos que no quieren que en esas tierras haya nada, y por eso no hacen más que poner pegas a todo. Y todos sabemos quiénes son. Los mismos que en las ciudades quieren destruir la industria del automóvil, los mismos que no quieren que haya bancos, ni industrias de energía, etc. Los mismos que lo único que quieren es que solo haya subsidios de 500 euros.