Ocurrió en plena pandemia. Los balcones y las ventanas se convirtieron en un canal de comunicación en el que lucían todo tipo de consignas para apelar a la esperanza. ‘Todo va a salir bien’, dibujos de los más pequeños que reconocían la labor de todos los trabajadores esenciales, pinturas o collages de adultos fruto de las tantas horas libres del confinamiento. Cualquier opción fue buena para hacer llegar el mensaje que el país necesitaba.

En ese momento en el que salir se convertía en una hazaña digna de alcanzar, las cristaleras se hicieron eco del único anhelo de la ciudad. Volver a la normalidad. Parece que el énfasis dispuesto en adornar y reivindicar desde casa se ha hecho eco en los últimos meses y tanto comercios como hogares aprovechan el paso para convertir sus negocios o sus viviendas en ‘escaparates’ para dejar claro su posicionamiento sobre asuntos de actualidad en la ciudad. Entre los frentes abiertos que causan cierta polémica se encuentran desde el futuro de la mina de Valdeflores hasta la petición de traslado de la Cruz de los Caídos que hicieron asociaciones por la memoria histórica en la capital cacereña. Bien visible muestra Celia Rubio el cartel de ‘No a la mina’. Tiene clara su postura. «Es por una cuestión de salud, dañará el medioambiente y no quiero que Cáceres deje de ser una ciudad saludable». Está convencida de que la pandemia ha influido para que la ciudadanía sea más proclive a posicionarse en determinados asuntos y sobre todo en el caso de la mina. «Sabemos lo importante que es la salud y después de un año en casa te da por pensar y le das vuelta a la repercusión de las cosas como esta», concluye.

Tampoco esconde lo que opina sobre otro de los ‘frentes abiertos’ en Cáceres ni la farmacia de 24 horas de Moctezuma ni la dentista Marta R. Díaz en su clínica. Al paso de los viandantes se puede leer el cartel ‘La cruz no se toca, en defensa del patrimonio’. La propietaria del negocio esgrime que su defensa se aleja de la polémica en torno a la política y se centra exclusivamente en su valor como símbolo. «Yo soy cristiana y católica, repartieron los carteles en la parroquia de Guadalupe y la cruz es un símbolo cristiano», asegura. También otro de los puntos que esgrime en su postura es que sirve como «elemento orientador» para llegar a su negocio. «Siempre digo que se encuentra junto a la Cruz de los Caídos, si la quitan, ¿qué les digo?, ayuda a mantener la orientación», pone de manifiesto.

Tanto Celia como Marta forman parte de la opinión de la capital cacereña y no dudan en hacerla pública a través de sus propios expositores. No obstante, al margen de estas dos reivindicaciones, convergen en la capital desde hace semanas otras ya veteranas como la presencia del plomo en las calles del casco antiguo o nuevas, como las restricciones del comercio o de la hostelería. De hecho en las zonas de compras, los hosteleros marcaron sus locales con la consigna de ‘El pequeño comercio no es culpable, contagio cero’ para reivindicar que eran espacios seguros después de que la Junta decretara su cierre parcial. En el mismo entorno, familias a nivel particular también muestran su apoyo con carteles de apoyo a las pequeñas y medianas empresas de la capital cacereña que se han visto afectadas por la crisis económica que deja la crisis sanitaria.

Protestas ‘motorizadas’

De hecho los hosteleros protagonizaron hace semanas una nueva forma de protesta en coches y lucieron sus pancartas en sus vitrinas en movimiento, algo que han llevado a cabo los profesores y las familias de alumnos de las escuelas concertadas que mostraron su disconformidad con la Ley Celaá con lazos naranjas y pancartas que lucían en una comitiva ‘motorizada’ desde el recinto ferial. Los mismos lazos que lucen en las fachadas de los colegios.