CONSECUENCIAS DE LAS ÚLTIMAS BORRASCAS
Los peores efectos del desembalse en Cáceres
Las últimas huertas del Marco sufrieron de lleno el pasado 19 de enero la apertura de todas las compuertas del Guadiloba, lo que no ocurría desde 2006
Los destrozos son evidentes. El alcalde anuncia la limpieza del tramo

CEDIDA

A Antonio Leal le llamó la Policía Local a las ocho de la mañana del 19 de enero. Le comunicó que el pantano empezaba a desembalsar por el aliviadero. Su finca, como las de otras familias, se encuentra próxima a la depuradora, a continuación del punto donde el Marco se une al Guadiloba. El caudal del río comenzó a crecer y a desbordarse a medida que la lluvia no cesaba y el pantano iba abriendo más y más compuertas. «Me avisaron hasta la cuarta, nosotros a esas alturas ya estábamos con los campos inundados, luego llamaron a Agustín Rebollo (jurado de riego de la Comunidad de Regantes La Concordia) para decir que abrían todas, las tres del aliviadero y las tres de la presa. No ocurría desde 2006 y no esperábamos que pudiera pasar ese día, no parecía una lluvia descontrolada», lamenta Antonio.
El cauce, inundado de suciedad (maleza, toallitas y otros restos...), se ha reducido con los años de forma considerable. «De veinte metros le quedan apenas cinco para que baje el agua, por eso se desborda en cuanto desembalsan». Antonio, que en 2006 salió en todas las portadas tras permanecer agarrado durante horas a una portilla, rodeado de agua (fue la última vez que el Guadiloba desembalsó a su máxima capacidad), ya sabe que con dos compuertas abiertas se le anegan unos 60 metros de finca, y con tres le llega a la puerta de la casa (a 120 metros del cauce). El viernes se abrieron las seis, aunque no al máximo.

Agua en las huertas. Al abrir las compuertas, el Guadiloba volvió a desbordarse y a correr por las fincas situadas en el entorno de la depuradora. / CEDIDA
Esta vez ha podido sacar a tiempo los caballos y los perros de los recintos anegados. Las gallinas han corrido peor suerte: algunas acabaron ahogadas o muertas por hipotermia. «Llegué aquí a las ocho de la mañana y vi el agua subiendo. Nos dio tiempo a poner sacos terreros en las puertas de casa y salvamos algo los daños, pero acabó entrando. Luego tuvimos que salir de la zona, como otras familias de las huertas, hasta que a las cuatro de la tarde pudimos volver, y a eso de las cinco y media las compuertas habían sido cerradas», relata Antonio Leal.

Antonio Salas muestra algunas de las pacas deterioradas. / CEDIDA
El daño estaba hecho. Ha tenido que vaciar todo el almacén de alfalfa, lleno de agua, y sacar las alpacas. «De la misma humedad habían empezado a fermentar y no podía meter la mano porque ya quemaban», cuenta disgustado. Ha desechado alrededor de doscientas, «una merma importante en un año como este, con los precios por los aires. Siempre tengo reservas de comida de mínimo año y medio, o dos años, para mis animales, y ahora me han bajado bastante».

Gallinero con el suelo anegado por la crecida. / CEDIDA
El campo ha quedado lleno de ripios. Las aguas prácticamente cubrieron todo. «Las plantas de invierno como el repollo, la coliflor, la lombarda, la espinaca o la lechuga, todas han acabado cubiertas de cieno y barro». Las distintas instalaciones se han llenado de agua y lodo. La planta baja de la casa está afectada. Otros propietarios de huertas de la zona han perdido también herramientas y producción agrícola. «Y nadie ha venido por aquí a preguntarnos cómo estamos, eso es lo que más duele», reconoce Antonio.
Los hortelanos afirman que una intervención en el tramo final del Marco «reduciría mucho el problema de los desembalses, si se deja bien limpia la caja del río». De hecho, el alcalde, Rafael Mateos, anunció el pasado martes que ya existe luz verde de la CHT para acometer la limpieza y el desbroce desde la facultad de Empresariales hasta la depuradora.

Así han quedado las plantas de invierno. / CEDIDA
Además, «no se pueden seguir abriendo compuertas a las bravas, se debería hacer con más previsión», indica Antonio Leal, en una queja que comparten los regantes. «Durante décadas esto no pasó nunca. Luego construyeron el aliviadero, y desde entonces Canal de Isabel II cree que tiene más controlada la situación, que tiene más capacidad de desembalse con las seis compuertas. Espera más tiempo para abrir, abre más caudal, y aquí llega el agua como nos llega», argumenta. «No somos técnicos, ellos conocen su trabajo, pero parece evidente que el día 19 veníamos ya de otra borrasca, no comprendemos por qué no se alivió poco a poco desde la noche, y se esperó a un límite que obligó a abrir todo», inquiere Antonio.
Frente a estas quejas, desde Canal afirman que la sistemática que se sigue es la misma desde hace años. El delegado en Cáceres, José Luis Castaño, explica que los cálculos que aplican deben «guardar un equilibrio», de modo que el pantano se mantenga siempre en los «márgenes de seguridad», sin perder excesiva agua almacenada para el abastecimiento. La reapertura de los dos desagües de fondo en 2023 contribuirá a este equilibrio.
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