Cuando Melody Rodríguez (Badajoz, 1994) era niña, ya se interesaba por los videojuegos y utilizaba la consola de sus primos. «Me decían que dejara eso, que era de ‘niños’, pero al final me terminaron regalando la mía, yo no quería jugar con muñecas, disfrutaba con el Crash Bandicoot o el Super Mario», cuenta. Impulsada por su pareja, Lil Wicca comenzó a hacer streamings por Twitch en 2018 y pasó por el seguido ‘Top Gamer Academy. Ahora compatibiliza su trabajo con sus directos, además de ser madre, algo que no podría hacer sin el apoyo de su pareja: «Él incluso conoce mejor al niño que yo, que lo he parido», dice.

¿Cómo es ser mujer en el mundo del streaming?

Empezar es muy duro. A nosotras lo primero que nos dicen es que vamos a crecer rápido porque somos mujeres, y que el truco está en enseñar un poquito. Es mentira, no todas las streamers conocidas enseñan cacho. Además, si eres mala ya lo asocian a que eres mujer. 

¿Por qué está sexualizada la mujer gamer?

Puede deberse a que los videojuegos siempre han sido para niños y ver a una chica jugando ya es algo llamativo. El hecho de que no sea una chica que cumpla el estereotipo que se tenía antes de alguien friki, hizo que se sexualizara. Al principio éramos pocas, nos estábamos metiendo en una comunidad de hombres. Los videojuegos siempre han sido una comunidad machista. 

¿Se ha avanzado ahí?

Ahora somos más mujeres, nos juntamos entre nosotras y hacemos piña para tener comunidades más sanas. En el momento en el que vemos una persona que no nos gusta, la baneamos del canal. Ellos no tienen que aguantar este tipo de cosas y tenemos que cortar tanto, que influye en nuestro crecimiento: la mayoría de la comunidad de Twitch es hombre y si tienes que banear a la mitad de los chicos que entran porque no se saben comportar, no es fácil crecer. 

¿Son sanos sus seguidores?

Trabajo en una tienda Friking, algo que no decía. Se supo a través del programa ‘Top Gamer Academy’. Yo temía que algún seguidor me hiciera algo, pero se me pasó cuando una vez un niño de 12 años me reconoció, se emocionó y me pidió una foto. Mi miedo eran mis seguidores cuando mi problema estaba fuera: he tenido que llamar a la policía porque un señor de unos 60 años me acosaba. Venía a la tienda todas las semanas para verme, regalarme cosas, hacerme insinuaciones… Llegaba al trabajo con ansiedad y le tenía que pedir a mi pareja que viniera a recogerme y a mis compañeras que se quedaran acompañándome.

¿Ha sufrido acoso online?

No hay día que no me suelten alguna burrada, del estilo «te haría no sé qué» o «te pondría no se dónde». En el momento en el que se dan cuenta, cuando escribes por el chat de un juego, de que eres chica, ya te dicen «vete a lavar los platos» o «vete a hacer hijos», etcétera.

Estar detrás de una pantalla, ¿influye en que los insultos sean más agresivos?

Ellos me ven a mí, pero yo no les pongo cara. Eso les crea una sensación de valentía. Las situaciones se vuelven mucho más duras, no sabes cómo reaccionar. Tenemos que estar como escondiéndonos. Nunca sabes quién te está viendo.